MOLINOS MAQUILEROS,

ALMAZARAS INDUSTRIALES,

EXTRACTORAS

Y COOPERATIVAS

(ss. XIX y XX)


DESDE LOS “MOLINOS DE BESTIA” AL MODERNO SISTEMA CONTINUO

ALMAZAREROS VS COOPERATIVISTAS

1

INTRODUCCIÓN

Leemos en el libro bíblico del Eclesiastés que “No hay nada nuevo bajo el sol”, frase muy conocida y repetida que expresa una gran verdad. Difícilmente encontraremos un camino, asunto o tema que no haya sido transitado, conocido o tratado anteriormente por alguien con más o menos fortuna y acierto... Por ello no es poca la gente que puede caer en el plagio, pero éste no es tal cuando el enfoque, móviles o exposición son distintos. Si esto no fuera así, muy reducido sería el elenco o catálogo de temas a tratar: escribir sería una tarea casi imposible… Casi todo está dicho o estudiado en los más diversos campos o áreas del conocimiento, pero no todas las orientaciones y motivaciones son las mismas. Se cree fue Unamuno —no podría ser otro, pues tiene el inconfundible sello de su personalidad— quien dijo aquello de que “Cada uno es cada uno y cada uno tiene sus cadaunadas”. Y esto, además de expresado con originalidad y concisión, no deja de ser verdad.

Leemos en el libro bíblico del Eclesiastés que “No hay nada nuevo bajo el sol”, frase muy conocida y repetida que expresa una gran verdad. Difícilmente encontraremos un camino, asunto o tema que no haya sido transitado, conocido o tratado anteriormente por alguien con más o menos fortuna y acierto...  Por ello no es poca la gente que puede caer en el plagio, pero éste no es tal cuando el enfoque, móviles o exposición son distintos. Si esto no fuera así, muy reducido sería el elenco o catálogo de temas a tratar: escribir sería una tarea casi imposible… Casi todo está dicho o estudiado en los más diversos campos o áreas del conocimiento, pero no todas las orientaciones y motivaciones son las mismas. Se cree fue Unamuno —no podría ser otro, pues tiene el inconfundible sello de su personalidad— quien dijo aquello de que “Cada uno es cada uno y cada uno tiene sus cadaunadas”. Y esto, además de expresado con originalidad y concisión, no deja de ser verdad.

  Digo lo expuesto en párrafos anteriores, porque voy a tratar un tema que no es inédito: molinos maquileros, almazaras industriales y almazaras cooperativas, circunscrito todo ello a Periana y su término municipal, sin olvidar posibles e inevitables alusiones a poblaciones aledañas o circundantes enclavadas en la comarca de la Axarquía, con las cuales nos interrelacionamos. Entiendo que la creación de cada cooperativa tuvo su historia y móviles diferentes, pues los contextos sociales y económicos no son los mismos en todos los casos.

  He leído algunas relaciones de almazaras industriales referidas a nuestra comarca, reconvertidas después en cooperativas, pero quedándose en la periferia, sin expresar motivaciones, personajes ni entrar en el intríngulis o intenciones solapadas, ocultas muchas veces, que movieron a las personas a tomar decisiones por razones no siempre expresadas —ajenas muchas veces a lo puramente económico— pero que se entreveían o suponían implícitas en la misma acción que realizaban.Más adelante  encontrará el lector la justificación  de  estas, al parecer,  esotéricas palabras…

 Quiero hacer una advertencia previa: no he escrito un artículo al uso… Lo que pretendo realizar es más bien una historia  que compendie todo lo relativo a nuestros aceites, molinos, almazaras industriales, extractoras,  cooperativas, personajes, actitudes individuales y colectivas, etc. etc. Todo ello base indiscutible   de nuestra economía local y comarcal. Hago esta advertencia previa por  si  alguien piensa  recordarme  la famosa frase de nuestro conceptista BALSAR  GRACIÁN: Lo bueno, si breve, dos veces bueno; lo malo, si poco, no tan malo”.

Existen temas tan importantes— éste creo que lo es para nosotros—, que sintetizarlos en exceso es sustraer información  interesante a  los posibles lectores que deseen conocer toda esta problemática, base indiscutible de nuestra economía.  La historia en píldoras es poco ilustrativa… Los epítomes o resúmenes son para los opositores en la noche antes del examen…, y no  para el lector interesado en la información objeto de un  tema. Las quintaesencias, diga lo que diga Gracián,  sólo  son  recomendables en los perfumes… No obstante, tampoco  es mi propósito  convertir esto en el inacabable  cuento de Las mil y una noches…

 

2
 NUESTROS ACEITES

  El lugar donde vivimos ha sido siempre, en un elevado porcentaje, una comarca predominantemente olivarera que ha producido y produce los mejores aceites de oliva de la variedad verdial, o hablando con más propiedad, conocida fuera de nuestro entorno como verdial de Vélez-Málaga. Hoy ésta coexiste o convive en nuestro medio con otras variedades como la picual, hojiblanca, etc. debido a las nuevas plantaciones que, un poco irreflexivamente, hicimos todos ante el retroceso de ciertos cultivos tradicionales, como cereales, leguminosas, etc. Entonces se hicieron plantaciones de variedades foráneas que conviven con la autóctona, que no es otra que la verdial, y que en ningún momento se ha visto ni se verá suplantado su cultivo por ninguna de ellas,  porque es y seguirá siendo nuestro orgullo y seña de identidad como productores de aceite de oliva… Esto es lo propio, lo nuestro, lo que espontáneamente ofrecen, como privilegiada ambrosía o manjar de dioses, nuestra tierra, nuestro microclima y nuestra tradición enraizada a lo largo de numerosos de siglos de existencia… Muchos de los rugosos y retorcidos— aunque siempre enhiestos, jóvenes y productivos— troncos de nuestros olivos así los atestiguan. No otra cosa es lo que siempre hemos defendido y seguiremos defendiendo… Es un deber y una necesidad. Lo contrario sería traicionar nuestro pasado negando lo que legítimamente nos diferencia como  regalo de la naturaleza y, tal vez también, de las vicisitudes históricas que vivió nuestra región en tiempos pasados. Tenemos lo que tenemos porque  somos lo que somos y  estamos donde estamos…


      

  No voy a extenderme en comentar la calidad de nuestros aceites de oliva vírgenes procedentes de la variedad del olivo verdial. Pero si debo decir que he dedicado muchos de los mejores años de mi vida a la promoción y defensa de estos exquisitos caldos... Y como prueba de ello ahí están los numerosos artículos publicados por mí en la prensa malagueña— como en el desaparecido y añorado Diario Sol de España, del que fui colaborador durante varios años—en el Diario Sur, en la también desaparecida  La Tarde, sin olvidar la multitud de intervenciones en radio y televisión…Todo esto, debo decirlo, sin gastar un céntimo en publicidad y sin limitaciones de tiempo, espacio y ocasiones… Esta es la verdad.

  Solamente voy mencionar—esto viene de lejos— el artículo publicado en octubre de 1969 en el Diario Sol de España, titulado PERIANA O LA BORJAS BLANCAS ANDALUZA, en el que expresaba las similitudes y coincidencias de calidad entre los aceites de nuestra aceituna verdial y los extraídos de la arbequina de Borjas Blancas, en la comarca leridana de Las Garrigas, que pasaba y pasa por ser uno de los más exquisitos del mundo olivarero. También— debe decirse—de los mejores publicitados y promocionados de cuantos existen. Bendito quien sabe defender lo suyo y malhadado aquel que debiendo y pudiendo hacerlo no lo hace…

 Para corroborar lo dicho, inserto  aquí la carta que recibí de un borjense ilustre  en aquellas fechas expresándome su gratitud por resaltar  las similitudes entre los aceites de Periana y los de Borjas Blancas.

 El artículo— puede consultarse en Internet  junto a otros muchos sobre el mismo tema—fue insertado a su vez por este borjense, amante de los aceites de su tierra, en el Diario LA MAÑANA, de Lérida. Lo cito, más que por otra razón, para poner de manifiesto el amor que ponen algunas personas— como este hombre— en la defensa de los productos más representativos de su comarca o región, ejemplo que todos deberíamos imitar:





Cartas recibidas por Segundo Pascual por sus artículos

Pero el objeto de este artículo no es hablar de la calidad de nuestros aceites de oliva para promocionarlos y divulgar sus excelencias. Esto ya lo hice con creces en tiempos pasados, conjuntamente con otras personas como José Luís Navas, José Antonio Frías Ruiz y algunos  más — es de  justicia citarlas—  y con resultados altamente positivos cuando esa era mi responsabilidad. Y también  un   hobby  placentero  que absorbía todo mi tiempo libre…

Esta función corresponde hoy a los rectores encargados, por  voluntad societaria, de la dirección de las cooperativas olivareras… Ellos saben que para la supervivencia  del sector y, por ende de la economía de nuestra comarca y pueblo, hay que otear nuevos horizontes, salir del terruño e iniciar la marcha por nuevas rutas, dejando atrás eso que llaman ombliguismo humano, dicho sea con perdón de la RAE, que no admite aún el término.. . Este no es otra cosa que circunscribirse a uno mismo y su tierra, sin dejar de hacer lo que siempre se hizo, sin otear nuevos horizontes ni explorar otras rutas.  Las nuevas tecnologías —Internet y redes sociales— ponen  ahora  a nuestra disposición eficaces   y cómodos instrumentos  de divulgación que no existían en el pasado. Deberían  ser  utilizados en el futuro con mayor intensidad y amplitud que en el presente…

 Hay que interpretar, evitando errores, los llamados signos de los tiempos, que nos invitan continuamente a ir más allá de donde estamos y, a ser posible, acompañados de personas o grupos fiables que persigan similares  objetivos a los nuestros... El individualismo es inoperante, hoy más que nunca… La economía y el comercio se han globalizado de tal manera, que solos lo más que podemos llegar es hasta los límites de nuestra comarca, pero sin traspasarlos…No otra es la razón por la que muchos países se integran en áreas comerciales de mayor extensión, aún a costa de perder soberanía…

 La evolución del comercio en el mundo nos invita a caminar en el sentido que señala la reciente Ley 13/2013, de 2 de agosto, de fomento de la integración de cooperativas y de otras entidades asociativas de carácter agroalimentario.

 Esta contiene una invitación incentivada, no una imposición… Ello no significa— sería inconveniente   y  antieconómico en muchos casos— que la cooperativa A tenga que absorber o ser absorbida forzosamente por la cooperativa B de la localidad colindante— esto, además de innecesario, y a veces inviable, provocaría rechazos — pero sí que A y B deben asociarse mediante alguna fórmula legal con otras de la región, constituyendo entre todas la entidad C, de mayor dimensión, capacidad económica e infraestructura adecuada para poder llegar  comercialmente a mercados más  amplios  — entidades asociativas prioritarias— tal como indica la antes citada Ley de fomento de  la  Integración  de Cooperativas, desarrollada normativamente hace escaso tiempo.

               Es necesario actualizarnos mentalmente y  abandonar  fórmulas comerciales hace tiempo superadas por la evolución de los tiempos… No se puede navegar contracorriente. Ni tratar de vender siempre en la misma plaza ni a las mismas personas el mismo producto, máxime si tenemos en cuenta que cada vez hay menos consumidores en nuestra cercanía y más vendedores  ofertando  la misma mercancía  que nosotros… Es prioritario buscar  nuevos clientes. Y  sobre todo, eliminar intermediarios  que  son como las eternas  “lechuzas” de  la leyenda que robaban   por las noches  hasta el aceite de las  lámparas  del Santísimo Sacramento y  el de las benditas ánimas del purgatorio…

            En síntesis: debe  evitarse  que unos produzcan  el aceite y otros  lo  comercialicen,  como sucede ahora en  no pocos  casos. Indudablemente, hemos avanzado mucho en la modernización de nuestras almazaras y demás aspectos  referentes al cultivo del olivar, es decir,  producimos bastante  bien—magníficas  instalaciones, mecanización del cultivo, etc. —, pero seguimos vendiendo  mal  aquello que con  no pocos sudores   producimos…

        El cooperativismo olivarero será una obra  a  todas luces  mejorable  mientras no comercialice directamente sus aceites  y  consiga  que los bellos  versos de Antonio Machado dejen de evocar  en nosotros  a  tantas y tantas  lechuzas humanas que, insaciables, sobrevuelan y esquilman continuamente nuestros olivares:

       Sobre el olivar, — se vio la lechuza— volar y volar.

   Caminar por donde invitala nueva Leyno es fácil, pues hay que aunar voluntades, disipar recelos y temores, y lo que tal vez sea más importante: encontrar la persona  o personas idóneas  capaces  de liderar el proyecto… Y sobre todo, que inspiren confianza y merezcan credibilidad… El campesino desconfía de muchas cosas porque lo han explotado y engañado infinitas veces a lo largo de la historia. La desconfianza la  lleva impresa  en sus propios genes… Pero tarde o temprano, será inevitable seguir sin reticencias la ruta marcada, a pesar de las dificultades y obstáculos que pueda ofrecer. La flecha señala insistentemente esa dirección…


3
LOS PRIMITIVOS Y RUDIMENTARIOS  MOLINOS ACEITEROS
(El molino  maquilero de mi abuelo)

  La extracción del aceite de oliva ha evolucionado mucho a lo largo de los tiempos… Dice la mitología que la diosa Minerva fue la inventora del olivo, y desde entonces  hasta hoy, los modos y formas de extracción de este inestimable caldo han sido muy diversos, sin dejar de progresar hasta nuestros días, pues siempre el olivo fue un factor económico y social de la máxima relevancia en todas las culturas mediterráneas. Por algo los romanos consideraban a Minerva como diosa de la sabiduría…

  Desde los molinos —mejor sería decir molinas, así eran llamadas entre nosotros, y dejar el término molinos para los harineros— de tracción animal, pasando por el Sistema tradicional (prensas hidráulicas), hasta el moderno Sistema  continuo  por centrifugación, han transcurrido muchos  siglos… Pero no desisto del propósito de indagar sobre esta parcela  de nuestra historia socioeconómica— de  máxima tradición y arraigo  en  la  zona — para que la pátina del tiempo no acabe borrando sus características  más esenciales.



También accedo con este  artículo  a los deseos de algunas personas de nuestra localidad que me han pedido  trate el tema de  la implantación  y problemática de las cooperativas, con especial atención a las más cercanas a nosotros.

  En nuestra comarca, lo mismo que en otras  zonas  olivareras,  existían  muchos de estos  molinos diseminados  por pueblos, aldeas y cortijos. Si las fincas de olivar eran extensas, entonces tenían su  molino para moler las aceitunas de  propia cosecha…

 Hasta 1912 no llegó la electrificación a Periana, razón por la  cual  los molinos aceiteros que existieron en la localidad y comarca funcionaban por tracción animal, y donde ello era posible, por la fuerza motriz del agua.

  Sin otra intención que la meramente estadística, recordaré  que en el famoso Diccionario publicado a mediados del siglo XIX por DON PASCUAL MADOZ— magna y preciosa obra de incalculable valor histórico y estadísticose dice que en Periana había por aquellas fechas, 7 molinos harineros y 6 de aceite, y en Riogordo, 7 harineros y 10 de aceite.

  Estos molinos estaban distribuidos  por toda la zona olivarera, eran de tracción animal— molinos de bestia— cuyo funcionamiento expongo  con algún detalle.

 Seré más explícito y concreto con La Molina de Mondrón, pues me era más familiar y conocida por haber pertenecido a  mi abuelo, Antonio Pascual Ferrer, y después a  mi padre, José Pascual Godoy. Éste la transformó en almazara industrial con la llegada de los motores de gasoil, y posteriormente, la electricidad… Todavía se sigue llamando La Molina a la barriada y calle donde estaba situada. Pero en realidad, cuanto  diga aquí puede  hacerse extensivo, con escasas diferencias, al resto de los  existentes  en aquellos tiempos diseminados por toda esta amplia zona. No obstante, este molino de Mondrón era el más  conocido e importante  por destinarse casi exclusivamente al servicio de terceros a cambio de  una retribución en especie, como veremos más adelante.


José Pascual Godoy y su esposa

 Estos molinos preindustriales constaban de un empiedro, de piedras calizas solía ser, colocadas formando dos segmentos circulares, y en el centro, un rectángulo con los lados menores en forma de arco, resultando de su unión un círculo. Sobre esta solera rodaba “un rulo de forma troncocónica”, también de piedra, movido por un animal de tiro, generalmente un mulo o  burro, con los ojos tapados con grandes anteojeras para evitar  se marease y aturdiese por  su  incesante marcha circular…

Los  animales  tenían su propio  nombre para distinguir  a  los unos de los otros y también para arrearlos cuando, por inclinación natural,  detuvieran   su monótono  caminar. El burro del  molino  de mi abuelo respondía  al nombre de   “Pajarito”,  y  el mulo  mohíno  al de  “Caete”…  Les  colgaban al cuello un collar de campanillos  de cobre o cencerros de latón para advertir al molinero—ocupado en otras faenas— que  los animales   habían  detenido  su  deambular  por el andén, y también para avivar  un poco más el ambiente, que en estos primitivos  molinos solía ser demasiado  tedioso por  la ausencia  todavía de máquinas más estridentes  como las que vendrían después.  

 Al   animal le colocaban un costillar que lo rodeaba   hasta   la parte inferior del vientre,  quedando  unido al empiedro por  medio de un mayal o palo—a veces barra de  hierrode características especiales adaptadas a su finalidad… Giraba y giraba sin cesar por una especie de caminito llamado andén, como sucedía en las norias con las caballerías que extraían el agua

          Se le adaptaba  un  artilugio  especial—tejido con esparto— en su parte  trasera para recoger  los   excrementos   del mismo,  caso de necesidad fisiológica de éste,  y  evitar así que salpicara  y contaminara la masa oleosa que se estaba haciendo.  Era   semejante al utilizado en algunas  ciudades andaluzas —Málaga—por los escasos cocheros que aún  continúan  la tradición  de  los típicos coches de caballos, obligados a utilizar este  higiénico  apéndice para recoger  y  no  ensuciar  ni  contaminar   las calles con los cagajones propios  de estos animales ,  como sucedía en  tiempos pasados  cuando la higiene  en la vía pública estaba  más  descuidada  que ahora por  la casi inexistencia  del turismo... Y a  falta de nombre específico para ellos, —me ha dicho un cochero — los  llaman  dodotis por la analogía  en  los  fines que ambos  tienen.…

 El  burro o caballo  era sustituido por otro cada tres o cuatro horas, como máximo, para evitar su cansancio  y  agotamiento. La alimentación de éstos  solía ser más  abundante  en cebada   que la del resto  de  “la  cuadra”,  destinados a labores   menos duras, como la  carga  o  labranza del campo… Cuando lo  desuncían  del mayal y  lo  liberaban  del costillar, se le notaba—  pese a  su irracionalidad— la satisfacción  de verse  libre y próximo a recibir  su  privilegiado  y bien merecido   pienso…

 En una pequeña tolva, que giraba a la par que el rulo, un operario vertía y dosificaba las aceitunas mediante una espuerta de esparto, de cabida media fanega (25 Kg), para ser molidas o trituradas por éste. También se encargaba de arrear la bestia que, por inclinación natural, tendía a pararse…

 En el centro de la solera del empiedro había una oquedad de forma cúbica ocupada por una pieza de hierro llamada boje, sobre el que pivotaba el eje vertical.


Antiguo Candil

 La iluminación de las instalaciones para alumbrarse de noche — se trabajaba las 24 horas del día en dos turnos de 12 horas— se hacía posible gracias a tres  grandes  candiles de hierro,  bautizados por los molineros de mi abuelo , con los nombres de  GAZAPO, PEROLA Y CHICLANA… Por falta de aceite, seguro que no dejarían de alumbrar…Siempre eran utilizados, para mantener viva la llama, los aceites de peor calidad no aptos para el consumo humano, denominados — lo mismo que hoy— lampantes… Precisamente,  esta palabra  procede  del latín— como  la mayoría de las  españolas—, pues en la antigüedad, estos  aceites  incomestibles  se utilizaban como combustible para las lámparas   que  iluminaban  viviendas, templos, etc.

 Tanto los rulos como la solera había que “picarlos” periódicamente con punteros de acero. Unos profesionales llamados  picapedreros  eran los encargados de ello. En Riogordo existió    una conocida familia, los Pascacios, que ejercieron  este duro oficio con singular maestría en las almazaras industriales. También en el caserío de El Espino (Alcaucín),   dos hermanos adquirieron fama de excelentes picapedreros.


Picapedrero

Estos esforzados canteros recorrían durante el verano los molinos de sus clientes para picar las piedras y  ponerlas a punto  para cuando se iniciara  la molienda, que solía ser en el mes de octubre o  noviembre. Frecuentemente, tenían  que interrumpir el trabajo  para acudir a la fragua,   donde  el fogón  y el yunque  les  recomponía  los  punteros  de boca acerada, desgastados por el  continuo  y duro golpeo  de  la “machota” hasta  picar con ellos   la piedra. Esta especialidad  requería   cierto  arte o estilo, pues no bastaba sólo con “picar”, había también que nivelar  la solera para facilitar el rodamiento del rulo  y evitar el sobreesfuerzo del animal…

Si no se realizaba esta operación con cierta regularidad, se alisaban tanto rulo y solera, que la molienda de la aceituna era casi impracticable, máxime teniendo en cuenta  la blandura de la piedra  caliza, única  apropiada que  existía  en el entorno.

 Una vez molida la aceituna, la pasta o masa oleosa se depositaba en una canaleta llamada alfarje, desde donde pasaba— empujada  por una paleta— a un compartimento que la retenía o acumulaba. Desde este lugar era transportada por “los molineros”, en cubos o a paletadas, hasta los capachos de esparto que se iban colocando en la prensa hasta formar lo que se llamaba “un cargo”, que adoptaba la forma  de un cilindro tras expandirla  el  operario  con las manos…  Estos capachos o esteras tenían un diámetro aproximado de un metro y en el centro un agujero. Por sus  intersticios se filtraban  el alpechín y el aceite mezclados— mosto oleoso— hasta su natural separación en los pozuelos decantadores por   diferencia  de   densidades… Hasta  estos  pozuelos era conducido por una cañería  cubierta   que partía de la prensa y desembocaba en los mismos. 

   Cada  uno de estos  cargos solía llevar, aproximadamente, 6 quintales  de aceitunas, que producían  69  kg  de aceite cuando el rendimiento era óptimo, es decir, cuando  daban una arroba. Este rendimiento óptimo se alcanzaba tras la segunda prensada… El liquido que chorreaba, como lagrimones rubios, era el aceite.  Cuando la aceituna estaba bien madura, — de enero en adelante— tenía más riqueza grasa, y el molinero exclamaba alborozado:

  ¡Ya lloran, ya lloran…!

 La prensa más utilizada era la llamada de husillo. También las había de palanca, de segundo género, es decir, con potencia, resistencia y punto de apoyo o fulcro en un extremo. Esta palanca solía ser simplemente una viga… La potencia la ejercían  los “cagarraches” o molineros con sus brazos, la resistencia la ofrecía el “cargo de capachos”, y el punto de apoyo solía estar en un agujero o hendidura en la pared… En ocasiones, ambas prensas se utilizaban sucesivamente  para agotar más los orujos. El esfuerzo humano requerido para su manejo— agotador a veces—  era similar en ambas.

 Las de husillo constaban esencialmente de un tornillo de hierro o madera, accionado manualmente, para prensar los capachos con la masa grasienta extendida sobre  los mismos y extraerles el aceite.

  

Prensa de husillo

  Había dos, y a veces hasta tres pozuelos sucesivos, para dar más tiempo a la decantación de los aceites. Era la primera prensada, que  ofrecía lo que llamaban  “la flor del aceite”…

 Después, el orujo se desmenuzaba o trituraba cavándolo con un simple escardillo o azada, se remojaba con agua caliente, y se volvía a prensar nuevamente para extraerle el mucho aceite que aún le quedaba. Era la segunda prensada, que daba, obviamente,  aceites de peor calidad. Tras esta segunda prensada la riqueza grasa del orujo era todavía   bastante más elevada que la resultante de las prensa hidráulicas que vendrían  en el futuro…

Los aceites de la primera y segunda prensada podían  ir a pozuelos distintos para mejor clasificarlos, si el cosechero así lo solicitaba. Pero  el consumidor no solía entrar en disquisiciones de este tipo. Por este motivo,  pocas veces se hacía la separación entre los  obtenidos en  las dos fases.

   De esta segunda prensada viene  la costumbre de personas que  lleguen a las almazaras actuales, que ni siquiera tienen prensas, solicitando aceite de la primera prensada… Ignoran que éste dejó de existir hace muchos años… casi tantos como la desaparición de  los  molinos  maquileros, con los “sobreaguados” de los orujos.

    Todavía no se utilizaba el acidímetro para analizar los aceites y determinar uno de sus principales parámetros de calidad: el grado de acidez… El único acidímetro de uso era el  casi infalible paladar del molinero… ¡Y cómo  sabían  clasificar  los aceites aquella gente…! Hoy pasarían por  expertos catadores…

El aceite era extraído de los pozuelos de decantación, de 2 o 3 metros de profundidad, una vez separado de los alpechines, como indico antes,  por gravedad. El  “maestro de molino”  se ocupaba   de este menester utilizando para ello una vasija de hojalata llamada “la media”, con una capacidad de media arroba. De ahí su nombre…Esta operación era bastante peligrosa, pues había que inclinarse mucho sobre el pozuelo, con el riesgo de caer de cabeza en el mismo, donde las posibilidades de salvación eran mínimas… Por este motivo, otro operario lo cogía de la “correa” que rodeaba la cintura para sostenerlo y evitar su posible desplome. Nunca sucedió— que se recuerde— tan peligroso accidente.

El Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo tardaría más de un siglo en crearse…Observado con la óptica de nuestros días, tal forma de extraer el aceite del “pozuelo” puede calificarse de temeraria… Con el paso del tiempo, estos pozuelos serían sustituidos por “alberquillas”, más cómodas y exentas de peligro.

El  aceite se depositaba en la bodega. En ésta existían varias tinajas de cerámica, numeradas, de distintas capacidades,  para conservarlo  hasta el momento de su retirada por el cosechero o venta del mismo. Éstas  se cubrían con una tapadera de madera, lo más herméticamente posible,  para evitar  su  aireación  y garantizar  la mejor  conservación del producto. Aquellos  molineros sabían, por propia experiencia,    que la excesiva exposición   de los aceites al aire producía  la rancidez de los mismos,  privándolos  de sus característicos  color, aroma y sabor.


Tinajas de aceite

Éstos   eran  tan  naturales y estaban tan poco manipulados, que cuando se levantaba la tapadera de la tinaja, despedían una fragancia, suave y deliciosa, que alcanzaba a toda la bodega como el mejor de los perfumes. Ni la propia de  nardos y  rosas competiría con ella…

 Existía  la costumbre   entre los vecinos próximos al molino — hoy  casi imposible  de  practicar en las modernas almazaras— de acudir por las mañanas con su rebanada de pan para tostarlo en la fogata de la caldera, untarlo con ajo y empaparlo después en aceite nuevo sumergiéndolo en una de las tinajas: eran los  apetitosos  y  nutritivos   “tostones” de aquellos  tiempos. Las calorías  aportadas al organismo  por una de estas tostadas eran suficientes para que la persona estuviera  alimentada  durante todo el día, ocupada  en las duras faenas agrícolas…

 Tampoco  me olvido del   delicioso  y sencillo “hoyo de aceite”“cucharro” en  el cercano  Alfarnate y otros lugares—   que los niños pedían por las mañanas  al “maestro de molino” , y en ausencia de éste a sus madres, llenase su oquedad vaciada  de miga  con un chorreón del mismo hasta quedar el pan  empapado, y todo sazonado con una  pizca de sal  para que estuviera más sabroso…  El  “hoyo de aceite”  es uno de los más exquisitos y sanos  manjares de nuestra gastronomía andaluza— mejor  si lo acompañamos de  tomate y un pedazo de bacalao—,   que convendría no cayera en el olvido, relegado, como lo está siendo,  por la antinatural  e insana bollería tan rica  en el colesterol que nos sobra y obstruye nuestras  arterias desde la niñez.

 Y los braseros… Las mujeres del entorno los acercaban por las tardes hasta la  hornilla  de la caldera para que algún molinero se los llenara  con   las  ascuas incandescentes  formadas  por las   “plastas” del orujo  con  que alimentaban  el fuego. Era la mejor de las calefacciones por las muchas calorías que generaba la  riqueza grasa que  estos orujos  aún contenían  tras el leve prensado a que  habían  sido sometidos…

Las  mozas  de “buen ver”— eran casi todas— que acudían en los atardeceres invernales, a la vuelta de las aceitunas,   con  las manos ateridas por frío,  el  galante  y solícito  molinero  las distinguía cubriendo  las ascuas encendidas del  brasero  con  nuevas  plastas  sobreañadidas  que después  prolongarían  el calor de  las ya existentes.  Era una manera casta y fina de agradar y  piropear…

 Mi abuelo  Antonio  permitía  de buen grado   estas y otras gentilezas  de sus trabajadores  para con las mujeres que se acercaban al molino. Me  relató  uno de mis antepasados que  este hombre—excombatiente como sargento  en las “guerras carlistas”—    sentía   demasiada proclividad hacía las féminas… Era muy enamoradizo…Ya  en   avanzada senectud, pero lúcida la mente,  perdió la visión  por completo a causa de las entonces inoperables “cataratas”,   que  conducían inexorablemente  a la ceguera. Algunas de  estas mujeres  que iban  a comprar aceite o a por braseros,  se  aproximaban   hasta  su domicilio para visitarlo,   movidas por el  afecto y simpatía que le profesaban.  Cuando lo saludaban desde la puerta de  su  casa, situada frente al molino, sentado  él en su  clásico    sillón de anea,  les solía  preguntar:

      — ¿Quién eres tú?

          Y tras decir ésta su nombre,  añadía:

        Te  recuerdo por la  voz. Gracias por tu visita,  y dile  al “maestro” que te llene el brasero de buen rescoldo…

    Era lógico que ellas, conocedoras de sus liberalidades  para con el sexo contrario, no desaprovecharan la oportunidad de visitarlo porque era seguro que alguna recompensa obtendrían…

     Los  molinos, llamados maquileros, trabajaban por el sistema denominado  maquila, que consistía en retener al cosechero una cierta cantidad de aceite procedente de la aceituna molturada, cantidad que había sido previamente pactada. Se medía con una vasija llamada maquilón, con  capacidad aproximada de un litro. También llamaban maquilón al encargado de cobrar la maquila como precio de la molienda.


Maquilón y embudo

 Asimismo, el cosechero retiraba parte del orujo de sus aceitunas  en un determinado  porcentaje. El molinero  apartaba sólo unas “plastas”  para  alimentar el fuego de la caldera, hacer braseros  o  ser vendido después.

 El orujo era preferentemente  utilizado, mezclado con harina de cebada, previo remojo, como alimento de los cerdos de engorde destinados a la “matanza” para el consuno doméstico. Era para  ellos un exquisito manjar que  devoraban con gran apetitosidad, semejante a la que sentían por los “garbanzos negros”, los  dos principales alimentos  que más excitaban  su voracidad. Los jamones  obtenidos de ellos nada tenían que  envidiar a los procedentes de los cerdos  extremeños alimentados con bellotas: eran tan  ricos  y codiciados  como  los verdaderos “pata negra”

       Este subproducto de la aceituna tan abundante en grasa—hoy inexistente con las características de antes  a causa de  los modernos sistemas de molturación —,  se utilizaba también como combustible para la calefacción de los hogares  y  como alimento de las gallinas y demás aves de corral, mezclado en este caso, con afrecho o salvado…

      El  orujo sobrante, procedente de la aceituna comprada, se transportaba  mediante  caballerías, en serones  o  envasado en sacos —no existía aún  la actual carretera— hasta la Estación de Periana para su  posterior traslado  en vagones  hasta   Vélez-Málaga,  localidad  donde  era extractado en la Orujera.

Posteriormente, cuando entró en servicio esta  carretera, se transportaba  lo mismo que el aceite, también en caballerías,  transitando por un accidentado camino de herradura, hasta un almacén situado junto a la misma. Y desde aquí, era llevado en camiones cada uno a su destino.

El actual  acceso para la entrada de vehículos a Mondrón, no se construiría hasta  1945  por cuenta del fabricante José Pascual Godoy, heredero del “molino” para evitar el transporte a lomos  de  caballería de los productos obtenidos en la  almazara. La urgencia  de este acceso—conocido popularmente desde su trazado  como “El  CARRIL”—se hizo más acuciante por la necesidad de adquirir   maquinaria  más moderna destinada a la nueva fábrica. Hasta esta fecha, todas las pesadas máquinas instaladas habían sido transportadas a rastras, campo a través, mediante la tracción de yuntas de bueyes, caballerías, etc. De forma  parecida  a como los prehistóricos, dicen, trasladaron    los dólmenes  para la construcción  de la  cueva de Menga en la rica vega antequerana… Así de evolucionados, técnicamente,  nos encontrábamos… 

La construcción de  este acceso— el primero en el término de Periana— sucedió ya en tiempos de las almazaras industriales dotadas de prensas hidráulicas.  Como no existían aún máquinas excavadoras, todos los trabajos se realizaron manualmente, “a pico, pala, carretilla y barrena para  horadar la piedra”…, que era también como  realizaban   la construcción de las carreteras… No habría  otros medios hasta varios   años después… 

 El patio del molino—vuelvo al  tema— estaba dividido en varios trojes pequeños, numerados, donde el cosechero iba depositando las aceitunas que habían de molerse el día previamente convenido. Consistían estos en  pequeños compartimentos, con suelo empedrado,  construidos en piedra y con  desagüe al exterior para caso de lluvia. Estaban  situados  al aire libre, sin techumbre,  para facilitar su ventilación  y  evitar el  atrojamiento  o putrefacción del fruto con grave  detrimento para  la calidad de los aceites.  A la aceituna le sucede lo contrario  que  a éstos:   necesita  buena  aireación para su  correcta   conservación hasta el momento de la molienda, que  no  debe demorarse demasiado tiempo a partir  de la recolección. 

           La cantidad  de fruto aportada era, como mínimo, la necesaria para armar un cargo, es decir, unos  seis quintales, pero la costumbre era  reunir más aceitunas para obtener mayor cantidad  aceite. … Por lo general, el  cosechero   no solía asistir mientras se realizaba la molturación, pues el faenado de la misma  era de bastante duración. Su confianza en la honradez del molinero era absoluta. El aceite obtenido se depositaba— como digo  antes— en las  tinajas de la bodega  hasta su retirada por el interesado, previa retención de la maquila 

 Generalmente, las aceitunas se llevaban al molino—en sacos o serones — cuando se decía que el rendimiento era óptimo porque venían a arroba, o sea, cuando el quintal de aceitunas (46 kg) daba un rendimiento de una arroba ((11,50 kg) de aceite, lo cual, trasladado al SMD, significa que daban un rendimiento del 25%. 

 El Sistema Métrico Decimal, pese a estar establecido desde 1875, no se utilizaba aún en estos molinos ni en ninguna de las operaciones que se realizaban en los pueblos. Las medidas de peso y capacidad más usuales fueron: 

El quintal castellano (46 kg), la arroba (11,50 Kg ó 12 litros de aceite), la panilla (cuarta parte de una libra o sea 115 g), etc. 

Las  aceitunas se pesaban   utilizando  una  balanza  romana  colgada de un trípode o  de una viga del techo—las básculas llegarían más tarde—. A veces, ni siquiera se pesaban: se vaciaba el serón o sacos  que las transportaba y así  calculaban  la cantidad necesaria para los cargos que se deseaban  moler… 

Y  para la venta del aceite existía un juego  especial de medidas de capacidad para su medición:   la media arroba, el litro,  la panilla, la media panilla…  Con el tiempo, también  comenzó a pesarse el aceite  buscando una mayor exactitud, favorecido todo ello por la aparición de las básculas  y balanzas de precisión.



Mesa para medir capacidad de aceites

Algunas  amas de casa se acercaban   al molino provistas de una alcuza de hojalata— de forma cónica —a  comprar  el aceite necesario para cocinar. La  cantidad adquirida oscilaba habitualmente entre  una y  media  panilla. El aceite no  se vendía  en las tiendas de la localidad— cuando éstas existían— porque aún no se conocía  por aquí el embotellado. Los cosecheros sí guardaban en sus casas el necesario para el consumo del año  usando   tinajas para su conservación.

La escasa cantidad de aceite  adquirida  cada vez—una panilla— revela la penuria económica en la que malvivía  la  gente. La pobreza, en algunos casos,  era extrema, y observada desde la perspectiva  actual, lacerante…



Cántaro de hojalata para aceite

 Para el traslado de los aceites de un lugar a otro, se utilizaban unos odres, más conocidos por corambres, que eran una especie de saco hecho de cuero o piel de algún animal. La piel más comúnmente utilizada era la de cabra: al animal le extraían las vísceras por la boca o por el emuntorio excretor, hasta quedar hueco por dentro… Después se le daba la vuelta de forma que los pelos quedasen en el interior. La boca era el orificio de entrada por donde  acoplaban el embudo para envasar el aceite, y también el de salida para su vaciado... 

 En Málaga existió un gremio de expertos curtidores… Aún conserva el nombre de Curtidores una de sus calles. Recuerdo haber ido con mi padre a comprar estas corambres a la entonces emblemática y céntrica calle Hoyo Esparteros, lugar donde había un comercio que se dedicaba a la venta de estos envases.

 Las corambres se introducían en sacos, y una vez llenas de aceite, se amarraban cuidadosamente con cuerdas de un modo característico, para lo cual había que ser expertos en el oficio  y poseer una especial habilidad,..

 Cuando alguna de ellas tenía pérdidas, el aceitero reparaba la rotura colocándole lo que llamaban una botana, especie de disco o pequeño remiendo de madera que, hábilmente colocado, evitaba la fuga del líquido. Cuando el envasador se descuidaba,  los niños le hurtábamos algunas de estas botanas para  jugar con ellas como  si fueran  ruedecitas…  Cuando carecían de éstas,  utilizaban una moneda para que desempeñara la misma función…

 Todo esto puede parecer demasiado arcaico, pero las corambres  se utilizaron, en algunos casos, —también en almazaras industriales— hasta bien entrados los años sesenta… Los últimos en abandonarlas en nuestro entorno fueron los arrieros aceiteros de Alfarnate, como los hermanos  “Parejo” Antonio y Eliseo Bello—, residentes aún en la misma localidad, y  que abastecían  al pueblo con   los aceites de Mondrón… Solían cargar en cada caballería dos “pellejos”— a modo de  sacos de aceitunas— que totalizaban unos 120 kilos.

Preguntado uno de éstos  hermanos por su utilización tan tardía cuando ya existían otras posibilidades más modernas, me dijo: 

Las seguíamos utilizando  porque  eran más cómodas y manejables para el transporte de los aceites. También la conservación  del producto era mejor… 

De la misma manera,  también existieron  en Periana  conocidos  arrieros como Pacojunco, José Fernández  NietoJosé Frías, Joseico el Moyero, etc. que  hicieron frecuente uso de estas corambres hasta tiempos relativamente recientes, más por costumbre y comodidad  que por otras razones… De algunos de ellos me contaron que, por las noches, colgaban los “pellejos” de   una  estaca, boca abajo, con un plato en el suelo, para aprovechar en casa el aceite que aún escurrían… 

Antes de la aparición  de los bidones de 200 litros, los camiones también transportaban el aceite en “pellejos” para su traslado a las bodegas de Málaga. Por cierto que se movían tanto, apilados unos sobre otros, que parecían “azogados”, razón por la que el vehículo debía caminar a poca velocidad para no desestabilizarse y volcar… 

 Para la confección de los capachos o esteras para las prensas, se desplazaban temporalmente al lugar de los molinos familias especializadas en ello. La mayoría procedían de JÁTAR, hoy pedanía de Arenas del Rey, y también de Canillas de Aceituno. En ambos lugares hubo habilidosos  y expertos capacheros, probablemente por la abundancia de esparto en sus sierras, utilizado como materia prima… Algunas de estas familias — como la familia Campos— se establecieron en Mondrón, y aquí vivieron, casaron y dejaron descendencia…El más conocido, Juan Campos Reyes, llevó durante los muchos años que vivió entre nosotros el apodo de Juanillo de las Esteras,  excelente  persona, tanto él como sus descendientes. Constituyeron   toda una dinastía de estereros…Era admirable la  destreza  y el escaso tiempo que invertían en la confección  de  cada  capacho… 

 Con el paso de los años, y la llegada de las prensas hidráulicas, dejó de utilizarse paulatinamente el esparto en la confección de los capachos y comenzaron a fabricarse los de polipropileno u otras fibras artificiales, material sintético de más duración e higiene, que evitaba, entre otras cosas, el mal sabor que el esparto solía transmitir a los aceites. Los capachos de polipropileno subsistieron hasta la casi general  implantación de Sistema continuo  por centrifugación, y se fabricaban, principalmente, en el pueblo jienense de JÓDAR, capital andaluza de la industria capachera desde la época de los árabes…



Proceso de Prensas hidráulicas

 Es curioso observar cómo se está volviendo otra vez, en casos minoritarios, pero que van en aumento, al viejo sistema de maquila. Con la liberalización— hacia el año 2000— de la política de la PAC permitiendo la creación de nuevas almazaras, se han construido algunas en nuestra provincia —Colmenar y otras localidades malagueñas— ahora con la nueva tecnología. A ellas acuden los cosecheros que lo deseen a molturar aceitunas de sus propios olivos y obtener así el aceite para el consumo familiar. En estos nuevos casos el precio de la maquila no se cobra en aceite, como  se  hacía tradicionalmente, sino en metálico.

Ello tiene un valor más sentimental que económico: consumir en casa aceite de los propios olivos…, como quien cultiva hortalizas en su  huerto familiar. Esta práctica se está extendiendo tanto, que algunas cooperativas proyectan penalizar económicamente al socio que  no retire sus aceites de la misma,  con evidente perjuicio de los  que sí lo hacen.

 Para hacer más atractiva la vuelta al pasado, la gente estudia cómo cultivar los olivos ecológicamente, sin fumigaciones  ni fertilizantes químicos… El término “ecológico” se prodiga cada día  más  como un señuelo para captar clientes… Ejerce cierta magia o atracción sobre el consumidor, pero detrás de ella, suele haber, en no pocos casos, sólo idealismo  o puro marketing…

 

4
 ALMAZARAS INDUSTRIALES Y EXTRACTORAS  DE LA COMARCA
LAS COMPRAS DE ACEITUNAS
EL ESTRAPERLO 

 Los molinos maquileros o molinos de bestia, como indico en otro lugar, evolucionaron hacia almazaras industriales, en algunos casos, y hacia almazaras agrícolas, en otros. No son dos términos equivalentes o sinónimos el uno del otro…

 Almazaras industriales son las dedicadas a la compra de aceitunas para la venta posterior de los aceites: consisten en la explotación de la industria aceitera con una finalidad mercantil, como  otro negocio cualquiera.

 Las almazaras agrícolas eran— en la actualidad  subsisten   pocas— las destinadas a la molturación de las aceitunas de propia cosecha en grandes cortijos o fincas de olivar… La mayoría de los olivareros están asociados  a alguna de las  cooperativas de su zona… Les resulta más rentable y cómodo. Por ello, las almazaras agrícolas desaparecieron o se convirtieron en piezas de museo como reliquias el pasado, exhibidas en el mismo lugar donde estuvieron activas.

 En síntesis: los antiguos molinos devinieron, unos en almazaras industriales— y después, la mayoría de éstas, se transformaron en almazaras cooperativas—y otros, en almazaras agrícolas, muchas de las mismas acabaron desapareciendo y sus propietarios como socios de alguna cooperativa próxima.

  Antes de la electrificación de esta zona de la Axarquía — la energía eléctrica no llegó a Periana hasta 1912, como indico más arriba— los motores de gasoil o aceite pesado vinieron a sustituir a la acémila (mula o asno) tirando del rulo, a la prensa de husillo o de palanca, a los “sobreaguados”, etc.



Lamparilla para calentar los motores de gasoil (de Mondrón)

 Esta nueva fuente de energía— me refiero al gasoil— supuso un gran avance en esta artesanal industria: era como pasar de la prehistoria a los comienzos de la historia… Aparecen las primeras prensas hidráulicas (de 25 cm de pistón). Éste, de acero, sólo se hacía en Bilbao… Pero sobre todo, y no menos importante que lo anterior, comienza a utilizarse  la termo-batidora para batir y calentar la masa hasta unos 35 grados, cosa importantísima para agotar bien los orujos, conservar las características organolépticas de los aceites y evitar  duplicidades como  los “sobreaguados”….


Motor de Antigua Fábrica de Emilio Ortigosa en Mondrón

La riqueza grasa de los orujos, tras la segunda prensada, era todavía muy elevada, y con las nuevas prensas hidráulicas se descendió considerablemente, estimándose como asumible hasta un 5 ó  6%... Si excedía de esta cifra, era porque algo se estaba haciendo mal, y el maestro de molino recibía el aviso para corregir el fallo…


Prensas hidráulicas (Museo de Cooperativa de Mondrón)

  Todas estas innovaciones se perfeccionaron y adquirieron nuevas dimensiones cuando llegó a las incipientes almazaras y restantes industrias la energía eléctrica… Ello significó una verdadera revolución tanto en éste como en otros campos. Fue entonces cuando se inició la verdadera industrialización en la extracción del aceite de oliva: aumentó la capacidad de molturación de todas las almazaras, con empiedros de dos, tres y hasta cuatro rulos ( piedra de granito gris, de Alcaracejos, Córdoba), prensas de mayor capacidad y  potencia (30, 35 y 40 cm de diámetro de pistón), termo-batidoras de dos cuerpos, algunas hasta con filtros especiales para evitar el pase de parte del aceite por los capachos, mecanización del transporte de la aceituna mediante cintas transportadoras, clasificación y lavado de las mismas, con su evidente repercusión en la calidad de los aceites, etc.

  Todo lo anterior, unido a la construcción de la carretera de Antequera a Torre del Mar— durante la dictadura de Primo de Rivera (1923- 1930) — como era conocida hasta hace poco tiempo esta carretera, posibilitó que las innovaciones y mejoras introducidas con las nuevas tecnologías potenciaran su eficacia: transporte de los aceites en camiones —las cisternas llegarían después —, envasado en bidones de 200 litros,  hasta las bodegas de Málaga: Minerva (ésta hasta con barcos propios para el transporte de los aceites a Italia), Aceites Moro, Olivarera Peninsular, Aceitera del Mediterráneo, etc.,  empresas aceiteras muy potentes y famosas  en su tiempo, que adquirían  casi todo el aceite de la provincia.  De las dos primeras—Minerva y Moro—, las más  emblemáticas, sólo quedan como vestigios de su  importancia y ubicación,  una plaza donde estuvo  situada la primera y la calzada de una calle  que  sustentaba   las bodegas  de la segunda… Ambas disponían de prestigiosas marcas de aceite que vendían  tanto dentro como fuera  del mercado nacional… 

 Sus expertos jefes de compras,  don Salvador, por Minerva, y Doblas, por  Aceites Moro, fueron personas muy conocidas y populares  entre los aceiteros de su tiempo. Nadie como ellas conoció los entresijos de este “mundillo” en el que se movía gran parte del dinero de la provincia. Y nada digamos de su fino paladar para diferenciar  y clasificar los aceites… La “cata” y selección de los mismos la realizaban por las mañanas—en ayunas, como era exigido— en presencia de los  ofertantes: las muestras aceptadas las colocaban a un lado y las desechadas, a otro. Todo un ritual…

Sería una omisión imperdonable  no citar al más popular de los corredores  de aceites en aquellos tiempos: José  Gémar, Pepe Gémar…Durante muchos años fue el “corredor”  indiscutible  de la Cooperativa “San Isidro”, de Periana, y de otras muchas de la Axarquía. Dejó huella como una persona educada, honesta y fiable al cien por cien, conocedor como nadie del mercado del aceite… Cuando la capacidad de las bodegas —siempre reducida en aquellos tiempos— estaba al límite por estancamiento de las ventas, Pepe Gémar resolvía el problema con el menor menoscabo posible para los vendedores… 

Y también el orujo, subproducto de la aceituna, podía ser transportado en camiones hasta las incipientes y todavía imperfectas industrias llamadas  Orujeras  o extractoras, que extraían de los orujos, mediante procedimientos químicos, el aceite residual que la prensa no había logrado agotar.

 El destino de estos aceites, llamados refinables, era su tratamiento químico en las refinerías, donde el resultado final del proceso era un aceite insípido, incoloro, carente de aromas, incomestible si no se  mezclaba  con  aceite virgen en determinados porcentajes… 

En Periana también existió una de estas Extractoras — ahora  obsoleta — perteneciente por aquellas fechas a  NACLE, CLAVERO Y MOLINA, S.L,  y en la actualidad, tras varios cambios en la titularidad de la misma, ésta la ostentan, como herederos, sobrinos de Juan Nacle Zorrilla. Pero de Extractora sólo  conserva  el nombre de lo que fue durante un cierto  lapso de tiempo.  El único vestigio  de su pasada existencia es la bella chimenea que  permanece como mudo testigo de  su  ubicación, amén de los locales que la albergaron, hoy en estado ruinoso…

 En 1921 llegó el ferrocarril a la estación de Periana, y ello hizo posible el transporte de los orujos hasta la Extractora  LOS REMEDIOS, S. A, de Vélez-Málaga— propiedad de Juan de Dios Jaime— más  relevante    comercial  e industrialmente  que las restantes de la Axarquía. De ésta, situada en las proximidades de la antigua estación del ferrocarril, sólo  el solar   y  también  la  chimenea sobreviven tras el vendaval de las nuevas tecnologías  que con tanta fuerza irrumpieron   hace algunos años en el sector de la fabricación del aceite de oliva. Estuvo muy bien gestionada por sus propietarios, con los cuales mantuve una excelente  relación comercial desde mi responsabilidad en la  Cooperativa de Mondrón. 

Hubo otra extractora, en los aledaños de Vélez-Málaga, conocida como ROMERO Y DÍAZ, S. A.   (1982-1990). La actividad industrial  de ésta fue muy limitada, como puede colegirse del  corto espacio de tiempo que media entre su  construcción y cierre: apenas ocho años… Desconozco las causas por las que estuvo extractando orujos  tan escaso  período  de tiempo… 

En  Puente de Don Manuel (Alcaucín), la firma Antonio Salido montó  otra  Extractora que intentaba, más que competir con las anteriores, extractar  los orujos procedentes de su propia almazara. Sólo denota su pasado  la elevada  chimenea, divisable desde varios lugares del valle del río  Zalia.

En Riogordo, Lorenzo Podadera, siguió los mismos pasos para el tratamiento  de los suyos  y los  de otras  fábricas de la misma localidad. Ésta  última estuvo   activa, aproximadamente, hasta mediada la década de los años 50. De  ella  no se conserva ni siquiera  la chimenea  porque era metálica y carente  de  toda   originalidad y valor artístico.    

     Varios   fabricantes   de la comarca—13 en  total— crearon en agosto de 1961 una Sociedad con el fin de  montar también  una Extractora en El Trapiche (Vélez-Málaga) destinada a  extractar   en común   los  orujos de sus almazaras. Tres  de  ellos  eran   de  Periana: Carmelo Martínez Infantes, Antonio Pérez Guerrero (Cortijo Blanco) y Emilio Ortigosa Martos (Mondrón).


Interior de Fabrica de Emilio Ortigosa

        Resultaba llamativo  que Carmelo Martínez Infantes— persona sagaz  e inteligente—, con su almazara situada  en la misma calle, en la acera de enfrente,  y a escasos metros de la Extractora  perteneciente a  NACLE, CLAVERO Y MOLINA, S.L, entrara a formar parte de la proyectada   Sociedad, más aún teniendo en cuenta que las relaciones con los  miembros que la  formaban eran amistosas, y que su producción de orujos era  más bien escasa y casi testimonial. Tal vez imaginara  que se trataba de un negocio “boyante”… La realidad, patentizada a escasos años vista,   no le daría  la razón…   

      Esta asociación  se disolvió  — duró poco más de tres años— a causa  de la desconfianza    surgida  entre  sus socios  por    las irregulares  observadas en la  gestión de la misma,  y también por su  inexperiencia   en el  sector. Los más supersticiosos  atribuyeron  el  fracaso  final  al maleficio   atribuido   desde los orígenes del cristianismo   al número 13…  Lo cierto es que terminó  como el rosario de la aurora: cada uno por su lado…,  y  no precisamente impartiéndose mutuas  bendiciones…            

      Las instalaciones fueron  enajenadas en  marzo de 1965,   y adquiridas para la ubicación de una almazara— mi buen amigo y compañero de “mili” en Burgos,  Manolo Marín,  fue el comprador—y como testigo de su efímera existencia, sólo permanece también  en solitario la enhiesta chimenea que  nos  evoca  a la  antigua  azucarera o  ingenio del Trapiche—utilizada por ésta  en su tiempo— que extraía los ricos azúcares del cañamelar de la  feraz   vega veleña. Como agradable recuerdo nos queda  también el dulzor  de los  fibrosos  y  blancos tallos de sus  cañas que  hacían  las delicias  de los niños a quienes  tanto  nos   gustaba masticar  y  succionar  su jugo… La dulzona melaza que quedaba como residuo de la fabricación del azúcar de caña, cuando es necesaria, la  importamos  de Cuba…

    Así,  que  nadie siente   nostalgia de su histórico  y  pujante  esplendor  porque  cultivos  tan ricos y rentables como  los  aguacates, mangos, etc. se  superponen al emocionado recuerdo  de lo que fue… La rentabilidad  prima  sobre   toda clase de sentimentalismos y consideraciones distintas  de  las económicas… … Las cosas son así, distinto  es que  debieran  ser de otra manera…      

    Termino el capítulo relativo a las Orujeras diciendo que la Cooperativa “San Isidro”, vendía sus orujos a la firma SILVA DE LOS RÍOS, con extractora sita en Loja, y después ingresaría  como socio en OLEÍCOLA  EL TEJAR  NTRA. SRA. DE ARACELI, S.C.A.       

      Y la Cooperativa “San José Artesano”,  de Mondrón, hacía lo propio en la ya mencionada extractora  LOS REMEDIOS, SA. y  en  otras de la zona. Finalmente,  ingresaría como socio en  la ORUJERA INTERPROVINCIA DE FUENTE PIEDRA, S. C. A.

Con estos sendos ingresos termina en ambas  cooperativas de Periana la venta  de orujos a Extractoras particulares. Toda la  producción de este subproducto de la aceituna está  ya cooperativizada. Ahora habría que ir pensando hacer lo propio con algo tan importante como son  los aceites… ¿Cuándo llegará  esto…? 

En Periana, y en algunas otras localidades de la Alta Axarquía, hubo varias almazaras industriales hasta bien entrada la segunda mitad del siglo pasado. Todas ellas utilizaron el sistema tradicional para la extracción de los aceites. No existió otro hasta la invención del ya citado Sistema continuo por centrifugación, hoy prácticamente implantado en la casi   generalidad de estas industrias. 

Éste  se basa en los mismos principios que el tradicional, con algunas esenciales diferencias: trituración de la aceituna— molino de martillos en vez de rulos—termo-batidora  para batir y calentar la masa, separación del aceite,  partes sólidas y acuosas por centrifugación, en lugar de prensado y filtrado mediante capachos de esparto o fibra artificial.  Se obtiene aceite y alpeorujo (residuo sólido y agua vegetal).

La calidad del aceite— una vez filtrado— no desmerece del obtenido por el sistema tradicional, aunque todavía haya  consumidores reticentes  que llegan a las almazaras demandando — como digo en otro lugar—  “aceite de primera prensada”...  

Por curiosidad,  cito una  almazara agrícola   próxima a nosotros,  en El Trapiche,  instalada en el mismo local  donde estuvo  la extinta  Orujera— propiedad del ya mencionado Manolo Marín—,  que  utiliza un  curioso  sistema mixto: moledero de rulos en vez de molino de martillos y sistema continuo sustituyendo a las prensas… Este experto aceitero de toda la vida ha sabido conjugar tradición con modernidad… Su fábrica es como  un  museo activo que satisface tanto a los que prefieren lo clásico  como a los amigos de las  innovadoras tecnologías…

Todavía  son  muchas   las  personas— yo diría que  casi todos  los  consumidores  directos que adquieren  sus aceites en las  almazaras—  a quienes  les seduce y place   contemplar  los rulos girando sobre su propio eje,  en incesantes y parsimoniosas vueltas, sin prisas como ellos van,  y percibir al mismo  tiempo  el olor natural  que desprende la  trituración  de la aceituna, machacada y  dividida en pequeñas partículas, por las piedras de granito negro ,  y no batida al modo de  una  túrmix como hacen los molinos de martillos. Éstos,  con sus  casi infinitas  y ruidosas revoluciones por segundo,  emulsionan  a la par  que trituran el fruto  y ensordecen nuestros oídos…

 Desde luego,  cada vez nos alejamos más de lo clásico y natural…  Las palabras  progreso y regreso,  que  riman  en consonante como si  se tratara  de  una cadenciosa  estrofa,  se entrecruzan en la vida  y nos llevan a admitir como progreso o avance  lo que en realidad es un  verdadero regreso  por  situarse detrás de lo que ya  teníamos que, evidentemente, era mejor… Así son muchas de las cosas que se nos ofrecen… Mi amigo Marín, lo ha entendido bien. 

En breve resumen, voy a citar  las almazaras activas en la  época anterior  a  la llegada del cooperativismo.  En la Campaña  aceitera  1954-55,  según se deduce de la lectura del Boletín Oficial de la Provincia, solicitaron la perceptiva autorización  para molturar,  las siguientes:   

 

PERIANA

NTRA. SRA. DEL PILAR
Perteneciente a
NACLE, CLAVERO Y MOLINA, S.L.
Juan Nacle Zorrilla
Bartolomé Clavero Núñez
Francisco Molina Toledo
 
LAS “POTENCIAS”
José Núñez Núñez
Enrique Larrubia Sarrión
Rafael Ruiz Larrubia

 

 Tras el fallecimiento del socio Rafael Ruiz Larrubia, la viuda de éste vende su parte de capital social en LAS POTENCIAS – 29 de abril de 1961— a los dos socios restantes, José Núñez Núñez y Enrique Larrubia Sarrión. En junio del mismo año, éstos entran, en igualdad de derechos y obligaciones, en NACLE, CLAVERO Y MOLINA, S.L. propietaria de la almazara Ntra. Sra. del Pilar y de la Extractora. La sociedad resultante tras la entrada de los dos nuevos socios continúa con la misma denominación, objeto y domicilio social. 

Sobre el socio José Núñez  Núñez, Pepe Núnez, quiero hacer una especial mención,  pues lo conocí en profundidad  y mantuve con él una franca y sincera  amistad hasta su fallecimiento. Esta asiduidad en el  trato  fue  más  factible debido a las mensuales  visitas que yo realizaba a sus recordadas hermanas, María y Mercedes Núñez,  como personas habilitadas para el pago de haberes a los docentes de entonces…

No  descubro nada   si digo que fue un hombre honrado y cabal al cien por cien,  muy trabajador, sagaz  comerciante y buen administrador de sus negocios,  y sobre todo,  persona muy discreta, servicial, prudente y fiable, ajena a  las intrigas y  politiquerías  propias de su tiempo…

 

Antonio Mateos Montiel
Antonio Pérez Guerrero (Cortijo Blanco)
José Pascual Godoy  (Mondrón)
Antonio Arrebola Díaz  (Mondrón)        

 

OTRAS LOCALIDADES

  En nuestra comarca axárquica existieron, además de las anteriores, numerosas almazaras industriales diseminadas por Vélez-Málaga, Alcaucín (Puente de Don Manuel, El Pilarejo, Venta Baja), La Viñuela (en el mismo pueblo y en Los Romanes), Alfarnatejo (Sábar),  Colmenar, Riogordo, etc.

LAS   COMPRAS DE  ACEITUNAS 

Quiero  hacer una referencia, aunque sea breve, a  las llamadas  COMPRAS DE ACEITUNAS. Algunos fabricantes establecían  puntos  de compra de éstas  fuera de lo que podríamos llamar su propia demarcación o límites naturales donde sus almazaras estaban situadas. 

Estas “compras” se instalaban, sobre todo, cuando la cosecha era deficiente en su zona o bien el precio de los aceites era muy elevado y resultaba muy rentable la molturación de aceitunas… Los lugares donde se solían  ubicar  fueron El Puerto de Sábar— la aceituna de Las Cigarreras era, y es excelente— , Los Parrales de Vilo y algunos más.   

El comprador  colocaba  su trípode o armazón de tres pies, con la clásica romana  suspendida  para pesar  las aceitunas, que apilaban después  en cónicos montones, para su  posterior  transporte,  en camiones,  hasta la almazara compradora.

No es necesario decir que los fabricantes de la comarca—incluidos los de Periana y Riogordo — eran contrarios al establecimiento, aunque fuera temporal, de estos puntos de compra, y que, viceversa, los olivareros los saludaban  con albricias y aleluyas  porque la competencia obraba a su favor elevando el precio del fruto…

El comprador más conocido y agresivo en los precios era de Vélez-Málaga, José Gámez Alcántara, Pepe Gámez, dueño de la llamada fábrica del francés, quien,  junto a su encargado y pesador, Clavero, era la pesadilla de los fabricantes… 

También Los Ciegos de Mondrón establecían compras de aceitunas para los fabricantes de Vélez-Málaga. Este caso lo relato con detalle en un artículo anterior titulado LOS CIEGOS DE MONDRÓN  Y SUS VERDIALES,  donde explico pormenorizadamente la importancia  artística de  varios miembros  de esta familia… 

 Las  “compras”  dejaron de existir, como era lógico,   con la implantación y generalización  del cooperativismo, pues perdieron  con éste   toda su razón de ser: nadie podía  pagar las aceitunas a mejor precio que una cooperativa bien gestionada… Y  tampoco a los socios les estaba permitido vender  a terceros el fruto de sus explotaciones…

 

EL ESTRAPERLO 

No es necesario recordar la situación ruinosa de España tras la contienda civil: desabastecimiento de los llamados artículos de primera necesidad, destrucción de los medios de producción, cartillas de racionamiento, etc. Con lo dicho,  basta para conocimiento de los más jóvenes que tuvieron la suerte de no vivir las escaseces y penurias de aquellos tiempos… A los mayores, nada hay que  contarles  porque la  padecieron y soportaron durante varios años… 

Para hacer frente a esta situación,  se creó en marzo de 1939 la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes con el fin de luchar contra el llamado mercado negro, más conocido como “estraperlo”... Los artículos objeto de intervención  fueron el trigo, el aceite, el azúcar, etc., es decir, los clasificados como de primera necesidad.

En los años 40 esta intervención arreció con más fuerza… Eran los tiempos de la llamada autarquía o autosuficiencia: el Estado tenía que bastarse con sus propios recursos a causa del aislamiento internacional llevado a cabo por las  potencias occidentales  como acto de repudio al régimen establecido por la fuerza de las armas. 

Todos los llamados artículos de primera necesidad habían  de entregarse al citado Organismo— a precios tasados— para ser distribuidos entre la población…Para alcanzar este objetivo, se creó  un grupo de inspectores— conocidos popularmente como “los delegados”— que perseguían día y noche a los infractores, es decir, a quienes vendían  estos productos— aceite, trigo… — clandestinamente y no los entregaban al citado Organismo… 

La procedencia  de estos inspectores era la  misma que la  de algún  maestro nacional sobre el que hablaré en el capítulo siguiente  de este mismo artículo: Alféreces  provisionales  del Ejército….  La verdad es que  estaban  bien preparados y muy concienciados en el cumplimiento de la misión a ellos encomendada. 

Las inspecciones tenían una periodicidad  casi semanal y eran  muy rigurosas, además de sorpresivas… Venían en grupo de tres, utilizando como vehículo para el desplazamiento—los tiempos no daban para otra cosa— un sidecar…

           Conocían muy bien  tanto la contabilidad como el funcionamiento de las almazaras: aforaban exactamente  las aceitunas y  el aceite producido… Cubicaban hasta las “tinajas”  y  los trojes de aceitunas para determinar su cabida: disponían de tablas especiales para facilitar los cálculos…  Por tanto, la ocultación y  el  fraude eran  muy difíciles… Los fabricantes tuvieron que hacer verdaderos equilibrios contables para cuadrar sus  cuentas y no ser sancionados…         

          Cito una anécdota muy curiosa que recuerdo  bien, y que fue muy comentada en la comarca: Mi padre— almazarero de toda la vida— siempre tuvo la costumbre de  rociar con agua  el aceite de los pozuelos para lavarlo y  limpiarlo de impurezas…Conocía muy bien su oficio…

   Esta operación de lavado fue observada por los inspectores  y sospecharon  que añadía agua para aumentar la cantidad de aceite… Y aclaradas las cosas, se dieron cuenta de  su “metedura de pata” como se dice coloquialmente.  El ridículo que hicieron y sonrojo  correspondiente,  fue mayúsculo… 

       El aceite obtenido de  la aceituna   molturada clandestinamente, se ocultaba como cada cual podía: habitáculos subterráneos— a modo de zulos— ocupados por  pequeños depósitos metálicos o tinajas  hasta donde el  aceite era transportado  por  la  noche, bidones ocultos en el campo cubiertos  con haces de leña, etc. 

         Como  tomaban lectura de los contadores que registraban el consumo eléctrico para  comprobar  la correspondencia entre la energía consumida  y la aceituna molturada — disponían de un baremo especial para ello— pronto los fabricantes encontraron la solución: fácil es imaginar la que sería       

      Los  almazareros  ponían vigías en lugares estratégicos para divisar a los inspectores cuando sospechaban que alguna visita estaba próxima…Yo mismo —a mis doce años—me pasaba horas observando la carretera para ver si se aproximaba algún  sidecar  por la curva de la llamada  “huerta de Antonio Díaz”… Cuando el resultado era positivo,  daba el aviso para que los arrieros  que cargaban  aceite en la fábrica se dispersaran lo antes posible… 

En los molinos de harina— como expuse en un artículo anterior—el control no era  tan exhaustivo  por su alejamiento de la carretera, pero eran citados   a los locales del Ayuntamiento de Periana para examinar  los libros de contabilidad  y comprobar si existía alguna anomalía que pudiera ser objeto de  sanción… La persona  encargada  por algunos de estos molineros— Balastrera, por ejemplo— para que los defendiese ante los  inquisitivos  inspectores, era Ángel Pérez, el médico del pueblo… Fue éste un hombre, además de excelente médico, hábil y  sagaz defensor de causas difíciles… Tenía una cabeza, como se dice ahora, “bien amueblada”… 

Uno de estos “delegados” — apodado La Parrala—se hizo famoso y temible  por su rigurosidad e intransigencia…  En los  años 40 se puso muy de moda una  copla llamada La Parrala”, con letra del poeta  Rafael de León…  Era la más cantada y conocida en aquellos tiempos. De ahí viene el sobrenombre  de “La Parrala”, con que era conocido este exigente  inspector…

Pero, ¿por qué los fabricantes lo motejaron así? Porque, como eran tres los que ocupaban   el sidecar, bien embutidos en sus abrigos y caladas las boinas o gorras sin visera  para resguardarse del frío, no distinguían bien desde lejos si venía o no el más temido de ellos… Y la gente afirmaba y negaba, alternativamente, sí o no, como se cantaba en la popular  Parrala en relación al vino y al aguardiente. También aludían con el mote o sobrenombre  a su fama de  persona  insobornable:       

Que sí, que sí, que sí, que sí,
que a  La Parrala le gusta el vino;
que no, que no, que no,  que no,
ni el aguardiente ni el marrasquino. 

Parra, que no, que no, que no,
     Bartolomé  Clavero  o  Paco Molina—ignoro cuál de ellos, o  quizá ambos, — no pudiendo conquistarlo por otros medios, idearon matrimoniarlo  con una bella chica del pueblo para suavizar su actitud y llevarlo al  redil de sus intereses,  pero aquello no salió adelante… La chica en cuestión vive hoy en avanzada senectud, con el   doctor Alzheimer a la cabecera de su cama…



Bartolomé Clavero Nuñez saludando a D. Juan Carlos I

 

5
LAS COOPERATIVAS OLIVARERAS Y SUS FUNDAMENTOS LEGALES
COOP. SINDICAL  OLIVARERA “SAN ISIDRO”

 El movimiento cooperativo arranca en España de una manera más o menos decidida durante la II República Española, incluso antes, pero todo ello, por razones conocidas, no llegó a fructificar como tampoco lo consiguió de una manera efectiva la Iglesia Católica, pese a algunos intentos realizados en la misma dirección. Pero sea como fuere, me voy a centrar en la creación de las Cooperativas olivareras o agroalimentarias, como las denominan o clasifican  ahora. 

 Expuse en  el  apartado anterior que, tanto en Periana  como en el resto de la Axarquía, existían numerosas almazaras industriales que surgieron como una evolución lógica de los antiguos molinos aceiteros, evolución propiciada por la electrificación, mejora en las comunicaciones y la aparición de maquinaria más moderna para la extracción de los aceites de oliva. No hubo localidad de cierta entidad  en todas las zonas olivareras donde dejaran de surgir  estas almazaras industriales.

Pero centrándome en Periana, lugar donde estamos, y por tanto, el que más nos interesa, voy a explicar la motivación primera por la que surgió la idea de crear una Cooperativa olivarera en nuestro pueblo, cómo se  consolidó  y también la mente donde esta idea se generó primeramente.

 Debo aclarar que en toda la comarca no existía Cooperativa alguna, y que la mayoría de la gente desconocía hasta el significado de esta palabra, incluso, les inspiraba poca confianza la idea de pertenecer a alguna de ellas,  una vez conocida su  organización  y funcionamiento. El campesino, conservador por tradición, no se sentía muy proclive a que nadie le administrase sus bienes: 

      Aceituna comida, hueso a la calle, y dinero al bolsillo…, solían decir.

 Los fabricantes de aceites de oliva de la zona operaban con los lógicos criterios comerciales basados en la ley de la oferta y la demanda, que regula el precio de los productos en función de este antiguo principio comercial. Esto ha sido así desde que se inventó el comercio, dicen, nada menos que por los fenicios... Pero ello no era óbice para que en ocasiones, los pactos secretos— reales o imaginarios— entre los compradores abarataran el precio del fruto. Esta es otra práctica que viene de lejos y que cobra más actualidad cada día entre los comerciantes, sobre todo, en las grandes empresas suministradoras …Todo ello no dejaba de producir el lógico descontento entre los olivareros — como ahora entre los consumidores— cosa por otra parte muy comprensible.

 Y fue entonces, cuando aprovechando este malestar más o menos generalizado y justificado, ciertas personas de Periana vieron la ocasión propicia para promover la creación de una Cooperativa olivarera con el fin de eliminar intermediarios, objetivo primordial de los  vendedores   de cualquier producto. 

La información que entonces se tenía sobre estas Cooperativas era escasa o nula. Muchos pensaban que embarcarse nada menos que en el montaje de una fábrica de aceite  era una aventura atrevida y peligrosa, máxime teniendo en cuenta que la economía de nuestros labradores ha sido siempre tan poco boyante como lo sigue siendo ahora… Los   campesinos  rara vez han  sabido  lo que es el superávit en sus explotaciones… Desconocían el significado esta palabra. Las que más les sonaban eran: préstamos bancarios, letras de cambio, hipotecas, embargos, petición  de anticipos dinerarios a los fabricantes, etc. 

 No creo necesario decir que aún faltaban muchos años para disponer de la lluvia de millones en subvenciones  procedentes  de  los  Fondos de la Unión Europea y  de  la  Junta de Andalucía … Muchas Cooperativas construirían o modernizarían sus instalaciones industriales al amparo de estas importantes ayudas,  cuya finalidad es evitar, entre otras cosas, disparidades sociales y económicas entre los mismos países de la Unión, pero esto no sería posible hasta algún tiempo después del 1 de enero de 1986, fecha efectiva del ingreso de España en la Comunidad Económica Europea. 

 Para informarse adecuadamente sobre el funcionamiento  de una cooperativa, disipar temores y concienciar lo más posible a los agricultores, el sábado 9 de febrero  de 1957, un grupo de éstos, acompañados y dirigidos por el maestro nacional de Periana Ernesto Iglesias Suárez — líder indiscutible de este movimiento—  visitaron la Cooperativa Olivarera de Archidona, invitados por la Unión Territorial de Cooperativas del Campo de Málaga.



Almazara enlos año 50, cuando Ernesto Iglesia promovió la idea de cooperativa

El presidente entonces de esta modélica Cooperativa, Manuel Ortiz Sánchez-Lafuente, les mostró la almazara, bodega, extractora y demás instalaciones. Y ni que decir tiene que  salieron  entusiasmados y se reafirmaron en la idea de crear en Periana una de estas Cooperativas, si bien más modesta,  adaptada a las necesidades y capacidad económica propias. Es pertinente  aclarar que la Cooperativa de Archidona ha sido siempre, junto a la de Antequera,  una de las  punteras  de nuestra provincia,  tanto por el volumen de aceituna molturada  como por los múltiples servicios que prestan  a sus socios. El escaparate escogido no podía ser más acertado y atractivo para entusiasmar a los visitantes… 

  La base legal para la creación de una Cooperativa en aquella España era la Ley de Cooperación de 2 de enero de 1942. Todas las Cooperativas que  surgieron  en la Axarquía  durante  esos  primeros años se acogieron a  la misma. No habría  otra hasta  la implantación  de la democracia…

 El movimiento cooperativo que el nuevo Régimen pretendía impulsar fue encuadrado en un organismo llamado Obra Sindical de Cooperación encargado de proteger, vigilar e inspeccionar estas sociedades.

 La primera de las creadas en nuestro entorno, fue, obviamente, la llamada Cooperativa Sindical Olivarera “San isidro”, de Periana. Ésta tiene el mérito de ser como la madre que alumbró—en no pocos casos con fórceps —a todas las demás de nuestra amplia comarca. Es de justicia reconocerlo explícitamente, porque la iniciativa, pese a malentendidos, obstrucciones y aviesas   intenciones, resultó altamente positiva para la economía local, y de no haberse erigido o fundado en aquellas fechas, su creación hubiese sido impuesta por la propia evolución de los tiempos, tal vez, en circunstancias  menos propicias  que las que se daban entonces. En esto del cooperativismo los perianenses  fuimos pioneros… 

 Antes de continuar, quiero recordar, como mero dato  histórico, al hombre que impulsó el movimiento cooperativo en toda la provincia malagueña: Juan Sorroche   Cobos, excelente persona y hombre de bien, que durante muchos años fue  jefe provincial de la  “Obra Sindical de Cooperación” y presidente de la  Unión Territorial de Cooperativas del Campo de Málaga (Uteco).  Prácticamente, todas las cooperativas olivareras que se crearon en la provincia de Málaga fueron promovidas y orientadas  por él. También fundó la Caja  Rural de Málaga, como Cooperativa de Crédito.


Juan Sorroche Cobos


 Me unía al mismo una vieja y sincera amistad, y dada la proximidad de mi domicilio, así como el de mi centro de trabajo, a su despacho, nos veíamos con mucha frecuencia, casi a diario. Este hombre fue el primero que me dio a conocer las bondades del cooperativismo y me infundió la primera   idea  de transitar por este camino,  como haría poco después… 

A mi me cupo el triste honor—por deseo de su esposa— de escribir y publicar su obituario  en  la prensa local  cuando se produjo el fallecimiento. Ni que decir tiene que la desaparición de persona tan conocida e impulsora del cooperativismo provincial fue muy sentida y considerada como una importante pérdida para éste. 

 Las primeras Cooperativas que se crearon incluían en su denominación la palabra Sindical, pues estaban encuadradas en la  llamada   Organización Sindical Española, conocida comúnmente como Sindicato
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… Lo resalto porque puede resultar llamativa  tal palabra en ese contexto... Más adelante desapareció esta expresión, impuesta por la anterior ley franquista, hasta alcanzar su plena liberación y conversión en modernas sociedades, lo cual ofrecía más credibilidad y solvencia económica  frente a terceros: la politización de las cooperativas  ni fue ni es buena para los verdaderos intereses de los agricultores. La manera más eficaz y segura  de liquidar  o   cargarse a una Cooperativa  es politizarla.  La experiencia  así lo avala en no pocos casos…
 

 Con el advenimiento de la democracia, nuestro Estatuto de Autonomía recoge el mandato de la Constitución Española  de promover las diversas formas  de participación en las empresas,  lo que trajo consigo  el fomento de  las Sociedades Cooperativas.

Todo ello cristalizó  en la  Ley de Cooperativas Andaluzas de  1999,  a la cual hubieron de adaptar sus  Estatutos todas las creadas con anterioridad.  No hace mucho tiempo — a finales de  2011— se promulgó una  nueva  Ley  de Sociedades  Cooperativas Andaluzas, pendiente aún de desarrollo reglamentario,  que deroga la anterior, y a la que habrán de adaptar sus Estatutos, en el momento oportuno, todas  las  sociedades  de este tipo  pertenecientes  a  nuestro ámbito autonómico. Ofrece algunos cambios respecto a la anterior que la adaptan  más y mejor  a las circunstancias actuales. 

  Hay que reseñar también que  en 1990 se  publico otra de carácter  estatal, sobre el Régimen Fiscal de las Cooperativas,  concediendo importantísimos   beneficios fiscales a éstas —en forma de  bonificaciones y exenciones—,  sobre todo  a las clasificadas como Especialmente protegidas,  concepto que incluye  a  todas las olivareras . Esta  beneficiosa protección fiscal, tanto en impuestos estatales como locales, las hace  casi inmunes a la competencia, y ha sido una de las principales causas de su  desarrollo  y expansión.

 Por ello, competir las almazaras industriales con las cooperativas era una pretensión poco menos que quimérica, máxime si se tiene en cuenta que el lucro personal no existe en estas entidades, o al menos, no debe existir si funcionan correctamente todos los Órganos sociales… 

 Tras esta breve síntesis sobre la legislación relativa a las Cooperativas, importante para conocer los  fundamentos legales y  funcionamiento correcto de las mismas, voy a retomar de nuevo  el caso concreto de Periana.   

El promotor y fundador  de la Cooperativa Sindical Olivarera “San Isidro”, de Periana, fue  el maestro nacional de esta localidad, ERNESTO IGLESIAS SUÁREZ, como señalo más arriba, al comentar la visita de éste y otros olivareros a la Cooperativa de Archidona. La idea iba tomando cuerpo y tenía visos de convertirse en realidad desde hacía algún tiempo, pues era algo  que ocupaba  y obsesionaba la  mente de este hombre.

 Él  era gallego, orensano, de Villamarín. Durante la guerra civil fue Alférez provisional de Infantería, y en Boletín Oficial del   Estado del miércoles 4 de enero de 1939, III Año Triunfal, aparece una ORDEN de la Subsecretaría del Ejército, fechada en Burgos, por la que se le nombra Subinstructor de la Academia Militar de Ávila.

 Esto le valió— igual que a otros militares— para su ingreso en el Cuerpo del Magisterio Nacional en unas condiciones especialmente favorables, diseñadas  por el nuevo Régimen para pagar a los excombatientes los servicios prestados a su causa.  En aquellas aciagas fechas existieron  muchas vacantes en la escuela pública dejadas  por los maestros republicanos  represaliados,  y que jamás volverían  a  pisar  las aulas de clase…

 Para  poder ejercer  la profesión, hubo de reciclarse  pedagógicamente en la Escuela del Magisterio de Málaga, ubicada entonces en la plaza de la Constitución, Centro emblemático donde se formaron  la mayoría  de   los maestros nacionales que ejercieron su profesión en nuestra provincia  durante aquella época.  

El  carácter militar  de este hombre era innegable   y   lo  evidenciaba  en casi todos sus actos… Pero no obstante ser un hombre serio, introvertido, hermético, poco sociable y dado a los exabruptos, era considerado por una parte del pueblo, especialmente por los   más modestos  agricultores, como persona fiable y merecedora de la máxima credibilidad,  cosa indispensable para llevar a cabo su proyecto de creación de una Cooperativa…

Otro sector, no menos importante e influyente social y políticamente, opinaba todo  lo contrario, pero prevaleció el criterio anterior, y  la idea se  convirtió en realidad… 

En estas entidades sin ánimo de lucro,  el socio pone su dinero en manos de unos administradores, y lo mínimo exigible a éstos, es que sean transparentes y eficaces en su gestión… La desconfianza, fundada o no, ha sido siempre el enemigo número uno del cooperativismo…Y las personas que en principio se ofrecían para promover  y administrar  la futura Cooperativa, parecían reunir estos  requisitos mínimos  para inspirar  esta  confianza y disipar los naturales recelos. 

 Desconozco su ejecutoria como enseñante,  ni tampoco esto interesa al tema que comento. Tuve ocasión de hablar con él pocas  veces… La primera  de ellas, en un Centro de colaboración pedagógica, donde fuimos presentados. Aún recuerdo sus lacónicas palabras: 

    ¡Hola!, compañero de fatigas, ¿no? 

Y no hubo más… 

Para profundizar un poco en el conocimiento del carácter  de este hombre, y conocerlo mejor, he formulado  a dos mujeres mayores de Periana, que me consta lo  trataron  con cierta  asiduidad, la siguiente pregunta:

— ¿Cómo era don Ernesto? 

Y   ambas contestaron con idéntica  frase:            

          — Un  tío    con “mala pipa…”.

            Esta    expresión popular se utiliza  en nuestro ambiente para calificar a una persona como brusca, seca, poco sonriente, con malaje,  o sea, lisa y llanamente, dicho sin eufemismos, “un mala sombra”… 

                  Similar pregunta trasladé  a algunos  hombres  de la localidad, y  todos ellos me dieron, en síntesis,   la  siguiente  respuesta:

    Era   un hombre muy  “recto”…

     El  adjetivo  “recto” califica a una persona como  justa, severa, intachable en su conducta, insobornable, incorruptible moralmente…,

   Cuando  algún compañero  de la Junta Rectora  le propuso  realizar una operación poco ortodoxa o de dudosa legalidad con el dinero  de la Cooperativa, exclamó  a  voces— sobrecargadas  de decibelios— audibles desde la calle: 

          ¡¡ El dinero de los socios es sagrado y no se toca, eso ni siquiera lo insinúes…!! 

    Esta  anécdota me la  contó  hace escaso tiempo un viejo socio de aquella primera Cooperativa para manifestar  que era  hombre  de  insobornable y probada  honradez, al menos, en  lo relacionado con la gestión de la Cooperativa… De su probidad como administrador de los fondos  societarios  nadie  dudaba, cosa que no siempre sucedía en aquellos tiempos  ni tampoco  en los  actuales…



Ernesto Iglesias "Don Ernesto"

    No  cabe   duda  que fue un hombre  desabrido, áspero y desagradable en su trato, pero honrado y cabal al cien por cien, condiciones indispensables  para administrar con éxito los intereses de una cooperativa. Los socios confiaban plenamente en él: la suspicacia,  la sospecha o desconfianza, suelen  anidar con frecuencia en la mente de los campesinos… Estos no han sido, ni son, demasiado proclives  a confiar  sus  “sudados” intereses a personas de dudosa moralidad para que se los administren …    Muchas anécdotas se podrían contar que  certifican  este  aserto, aunque para  desconfiar basta con ser humano  y  prestar ojos y oídos a lo que a diario se ve y oye…  El panorama no invita al optimismo ni a la credulidad, aunque parece que poco a poco nos estamos inmunizando ante  inmoralidades y escándalos   semejantes que a diario surgen en nuestra  sociedad... Y es que,  como suele decirse,  “lo poco  espanta y lo mucho amansa”…      

    Un antiguo alumno  suyo me refirió  la siguiente anécdota también reveladora de su   carácter: viudo ya de su primera esposa,  casó  en segundas nupcias con la  bella  Srta.  de   la localidad,  Carmelina Fernández. Un buen día entregó unas macetas a dos alumnos para que las acercasen a su casa,  próxima  a la escuela.  Y le pregunta uno de los  niños, con esa candidez y familiaridad  propia de la edad:

         — Don Ernesto, ¿se las damos a Carmelina?

           Y le  gritó  fuertemente:

       — ¡¡ A  doña Carmelina se dice!!    

 Las relaciones de Ernesto Iglesias con Bartolomé Clavero— hombre prominente  en la Periana de aquella época— eran  a todas luces  mejorables. Los desencuentros y  fricciones  entre ambos  fueron visibles y  casi permanentes…  A veces  esta animosidad  y beligerancia  de Ernesto Iglesias  excedía los límites de lo individual  para  extenderse al ámbito familiar. Era un renconcor  visceral   no fácil de comprender y menos aún de justificar…

Se  le atribuyeron  ataques a  personas que eran muy  estimadas    en   el pueblo   y consideradas intocables  por su labor social  en beneficio  de las capas más humildes de nuestra población  local.

Si realmente  obró   así,  cometiendo tal felonía o deslealtad, craso  y lamentable error el suyo… Pero en la vida todos tenemos momentos de ofuscación u oscurecimiento de la razón que nos llevan a  cometer  errores  que después hemos de  negar o  desdecirnos de ellos. Tal vez fuera este el caso… 

Me permito  otro  inciso  para   explicar  ciertas  actitudes y comportamientos frecuentes en la época. En los años de posguerra, al no existir libertad de expresión, —lo único autorizado, y premiado,  era decir, con voz lo más potente posible, ¡Viva Franco! y ¡Arriba España! — el género literario  más  cultivado  en nuestro pueblo era, aunque parezca una contradicción, el de  los  escritos anónimos… Lo recuerdo perfectamente. Hubo  entre nosotros  más de un  lazarillo  de  autor desconocido…  Pero  los perianenses eran tan perspicaces, que casi siempre adivinaban la máquina de escribir—nunca, lógicamente, se  escribían  a mano, pues lista sí que era aquella gente— en la que habían sido tecleados…                 

Estos anónimos versaban sobre los más variados temas,  pero todos ellos con la misma motivación subyacente, la considerada por Fernando Díaz-Plaja  y otros autores, como nuestro principal pecado nacional: LA  ENVIDIAY también habría que añadir, LA SOBERBIA 

Ser objeto de una denuncia anónima ante  una autoridad era algo frecuente, sobre todo si gozabas de  cierta  relevancia social o política en  la localidad … El ser denunciado confería a veces hasta cierta notoriedad  entre la gente del pueblo… Era señal  de que  pertenecías a la “élite”  o  grupo de personas importantes  e influyentes de nuestro  entorno social… 

Los que acudían diariamente a la plaza de la vergüenza —taleguilla a la cintura— para  participar en  la  bochornosa  subasta del trabajo,  esos nunca eran denunciados por ser personas irrelevantes, y  por tanto, indiferentes…Tampoco eran los denunciantes  porque, obviamente,  nadie los  oiría… Otro día escribiré algo sobre ellos: se  merecen la  mayor de las deferencias  y el  mejor  de los recuerdos… 

En  el contexto sociopolítico  de nuestro  pueblo que acabo de describir—lo he hecho adrede—es  donde hemos de situar reales  o imaginarias  actitudes  y  comportamientos  que   fuera del  mismo podrían  parecer más graves y deleznables… Extrapolar los hechos o sucesos para valorarlos o  juzgarlos  con la óptica de  más  de medio siglo  después,  es  desnaturalizar  las cosas, confiriéndole  una importancia mayor  de  la que realmente tienen. Al menos así lo  entiendo yo… 

No es mi propósito escribir la biografía de Ernesto Iglesias, ni tampoco  creo merezca  la pena el empeño… Fue,  como todos los humanos, una persona  con virtudes y defectos. Y según a quien   preguntes en el pueblo, conocedor de aquella época— cada vez serán  menos los que la recuerden— te resaltará  más las unas o los otros…

Desde luego,  es evidente que la población de Periana  se polarizó  por  aquellas  fechas en dos bandos bien definidos: cooperativistas y anticooperativistas,  o lo que es lo mismo, ernestistas y bartolomecistas… Esta división  se hizo patente, incluso, hasta en el seno de algunas  familias.

Este antagonismo personal no hay que basarlo sólo en el  terreno económico—el control del aceite—sino también en el político: Bartolomé  Clavero, político de vocación, ocupaba cargos  locales que ambicionaba también, sin éxito, Ernesto Iglesias… Pero este es  ya otro tema… En otra ocasión lo trataré  con más extensión…           

     Bartolomé Clavero era accionista, con cuatro socios más, de la  Sociedad  NACLE, CLAVERO Y MOLINA, S.L., dedicada, como otras industrias  de la comarca,  al tráfico normal de  compra y molturación de aceitunas en su almazara Ntra. Sra. del Pilar.

 Ésta, conocida popularmente como la Extractora, era la más potente tanto en capital como por la ubicación y capacidad molturadora de sus instalaciones. Su emplazamiento era inmejorable y, además, disponía de agua propia…También contaba a su favor la relevancia social, solvencia económica y fiabilidad que inspiraban las personas que la componían.  Todos sus socios eran expertos fabricantes y conocedores del “mundillo del aceite”, lo cual no dejaba de ser una garantía para el cosechero… Ni riesgo de quiebra, impagos  ni sombra de  nada  que inspirase  duda o desconfianza. 

 Pero tal vez por las  inamistosas relaciones expuestas anteriormente— causa principal—  como por    los bajos precios de la aceituna, fruto en el que se basaba — también ahora— la economía de la mayor parte de la población de Periana, Ernesto Iglesias aglutinó a varias personas, y   convirtió en realidad su idea de crear una Cooperativa olivarera en  la localidad  con el nombre del patrono del pueblo: SAN ISIDRO.  Su  adustez  y aspereza de carácter  no  fueron obstáculos para   suscitar las adhesiones  y  los apoyos  necesarios  para  la culminación de su   casi  obsesivo  proyecto, como señalo más arriba. 

Hace escasas  fechas  mantuve una larga conversación con un sobrino de Ernesto Iglesias, residente en Granada— junto al que pasó los últimos días de su vida— para que me diera su versión sobre  este tema. Es  justo  y  clarificador   oír  a todas las partes, se compartan o no sus opiniones. Y me dijo  casi textualmente, un poco dolido por  cuanto se decía y escribía últimamente sobre su tío, lo  siguiente:

           Mi tío Ernesto era  un hombre honrado, serio y justo.  Todo cuanto se ha dicho de  él son calumnias... Promovió la creación de la Cooperativa porque quería defender a los modestos  agricultores de la  voracidad de los fabricantes, que les pagaban las aceitunas a como querían… Esos fueron sus móviles, no aspiraba a otra cosa.  Ni venganzas  ni  aspiraciones  frustradas de nada…

     Hablé mucho con él sobre estos  temas en la última etapa de su vida,  y me informó de todo… Puedo afirmar que sus ideales no  fueron otros que la justicia y defensa de los más débiles.

       Ahora que ha muerto, es cuando  hablan mal de  su persona diciendo cosas que no son verdad…     

       Y  yo,  proclive siempre a las citas,  interpreté  que  me estaba   transmitiendo   el mensaje  implícito   en la  conocida frase  “a moro muerto, gran lanzada…”. 

   La  cuñada de Ernesto, Mari Pepa Fernández Molina, mujer  agradable y  dialogante, de peculiar simpatía,  apostilló  lo dicho por su hijo, también con cierto dejo de amargura: 

           Ernesto fue un hombre muy servicial con todo el mundo. Recuerdo que tenía  en casa una máquina de escribir, y siempre ayudaba   a la gente del pueblo, haciéndole papeles y  orientándolos en cuanto podía… Nunca hizo mal a nadie.

         Su idea de fundar  una Cooperativa en Periana dividió  a  muchas familias, pues en las mismas había  unos  miembros que  estaban a favor y otros en contra, como pasa en todas las cosas de la vida… Hubo personas, no sé por qué, que se tomaron esto muy en serio… La verdad es que había muchos intereses en juego…

         Estuvo siempre  muy pendiente de la fábrica, y viajaba con frecuencia  a Úbeda, donde estaba   la Fundición  Palacín, pues él se   ocupaba  hasta de la maquinaria, ayudado e informado siempre por su buen maestro de molino, CHAMARIZO, persona de su confianza…

        Al principio se mofaban  de los futuros cooperativistas. Cuando volvieron del viaje  a  Archidona, les pusieron hasta motes… A Francisco Toledo, apodado “Bigotecano”— persona muy conocida y apreciada en el pueblo— lo  motejaron de nuevo satíricamente  llamándole  “Pacoarchidona”…

      Bueno, ahí está la Cooperativa, que digan ahora si la idea fue o no positiva. Si  era tan mala, ¿por  qué continúan con la misma…?  El tiempo suele dar o quitar razones, y  en este caso, obró lo primero…

   Cada uno tiene su mérito, y él fue pionero en esto  del cooperativismo, independientemente de los móviles que lo impulsaran a ello… No hay efecto sin causa, dicen, pero lo importante es que el efecto o resultado final sea bueno… 

    Y de sus últimas palabras, deduje— como antes en  el caso de su hijo— la esencia  de la idea  que me quería transmitir con ellas: el tiempo  siempre dice la verdad, y  pone  las cosas  en su sitio…   

       El proyecto fructificó pese a las lógicas dificultades económicas,  como  escasez  de capital, inexperiencia profesional, limitaciones de espacio, maquinaria, etc. Pero, sobre todo, había que convencer a los olivareros de las ventajas del cooperativismo, entonces palabra desconocida para la mayoría de ellos, disipar recelos y desconfianzas, captar socios para que el futuro proyecto fuera viable,  etc.  Y  especialmente,  luchar contra la competencia  de las almazaras,  algunas muy fuertes económicamente como la ya mencionada NACLE, CLAVERO Y MOLINA, S.L.  y  otras,  como las dos  de Mondrón y la del Cortijo Blanco…



Molino de Perez enel Cortijo Blanco (José Pérez a la derecha)

        La nueva Cooperativa  fue creada  oficialmente  el  11 de abril de  1957, según consta  en el correspondiente Registro de Cooperativas, todo ello  a los dos meses del comentado viaje a Archidona. Tuvo en sus comienzos como JUNTA RECTORA, promotora y organizadora,   la integrada por personas de la localidad, todas ellas solventes económicamente y de reconocida honradez. Esto último era muy importante para que la nueva experiencia que se iniciaba llegara a buen puerto y no frustrara el proyecto la propaganda adversa que los fabricantes hacían al ver amenazados sus  propios intereses. 

Como  se creó oficialmente en abril de 1957,  acto seguido comenzó  la  construcción  e instalación de la mueva almazara, cuyas obras terminaron   a los seis o siete meses después de iniciadas.   Por ello calculo  abriría  sus puertas a la  recepción de aceitunas   en la campaña  1957-58. 

Para la realización del proyecto obtuvieron del  entonces  Instituto Nacional de Colonización —las  cuantiosas   ayudadas de la UE estaban a  años-luz— un préstamo  del 40 % del presupuesto como anticipo reintegrable, sin interés, y el 30 % con interés. En total el 70 %.  El presupuesto  global  ascendía  a  1.366.459,30 pesetas, cantidad  onerosa   en  aquellos  tiempos  dado  el reducido precio de los aceites, y consecuentemente , el de la aceituna, pero  como las motivaciones eran muy fuertes,  no se arredraron  ante las dificultades y riesgos  que el proyecto  entrañaba. Y lo culminaron con éxito, no sin grandes sacrificios económicos: algunos de los socios más pudientes hasta adelantaron dinero… 

De entre los cargos sociales de la recién fundada Cooperativa, destaco el carácter  de Antonio Ruiz García, persona muy estimada en el pueblo tanto en aquellos tiempos iniciales del cooperativismo como después en su época de alcalde de Periana y director de la CAJA RURAL: sencillo, amigable, conciliador, limador de asperezas, convivencial con todos…


Antonio Ruiz García

 Era el jefe  de  ventas, tanto en ésta como después en la Cooperativa unificada, y debido a su experiencia comercial en este campo— experto en aceites—, obtuvo muchos éxitos en sus transacciones comerciales en beneficio de la entidad que representaba. 

MIEMBROS DE  SU  PRIMERA JUNTA RECTORA

     Presidente: Francisco Guerrero Pascual

Secretario: Ernesto Iglesias Suárez

Tesorero: Antonio Ruiz García

 

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LA COOPERATIVA  
“SAN ISIDRO”   VS  ALMAZARAS INDUSTRIALES
CREACIÓN  DE DOS NUEVAS COOPERATIVAS EN PERIANA

Superadas, no sin grandes esfuerzos y contrariedades, todas las dificultades que los inicios de una empresa de estas características conlleva, comienza la molturación en la nueva almazara cooperativa ante la expectación de las personas, interesadas por una u otra razón, en el proyecto… 

Hasta hace poco tiempo, el precio final obtenido por cada cooperativa era unitario para todos los socios. Los análisis para determinar el rendimiento individual de la aceituna de cada agricultor  no  estaba  todavía implantado: tardaría   varias décadas en llegar… 

Las liquidaciones finales solían hacerse en el mes de mayo — para San Isidro—. Alguien se preguntará,  cargado de lógica: ¿Por qué ahora enlazan una campaña con otra…?  Sería interesante que algún responsable lo explicara para conocer las razones que motivan este retraso.  Se evitarían impaciencias y  suspicacias…

Todos esperaban expectantes — los fabricantes ansiosos— la publicación del precio. Circulaban los bulos hasta que por fin se hacía público en el tablón de anuncios del domicilio social y en los bares de la localidad. Don Ernesto era el encargado de clavar en las paredes de los establecimientos los  precios de la aceituna de cada campaña: todo un rito…    

Satisfacción para los socios y decepción para los fabricantes y sus cosecheros… especialmente para estos últimos, que  cobrarían sus aceitunas a menor precio que el percibido por los socios de la Cooperativa. El prestigio de ésta iba  in crescendo y  el de las almazaras industriales,  menguando…  Todo  ello lógico y explicable. 

 Para evitar disidencias,   los olivareros que entregaban su fruto en las almazaras particulares hicieron un pacto verbal con los fabricantes: éstos les abonaría la aceituna entregada en campañas sucesivas al precio final que obtuviera la Cooperativa, detrayendo  del mismo   la cantidad   de 0,20 pesetas por kilo en concepto de beneficio o ganancia para el fabricante. Con ello pretendían fidelizar al cosechero cliente  para que no solicitara su alta como socio en  la nueva  Cooperativa.

El  acuerdo  se generalizó  e hizo extensivo  a todas las  almazaras  tanto del pueblo como las enclavadas en Mondrón y Cortijo Blanco, ya mencionadas anteriormente.

El pacto, tácito unas veces y expreso otras, pero siempre verbal, funcionó más o menos satisfactoriamente  para ambas partes, pero pasados unos cuantos años—no muchos— los fabricantes entraron en pérdidas y arrojaron la toalla, como se dice en términos boxísticos: tratar de competir con la Cooperativa era un empeño  estéril y ruinoso…

Y decidieron vender sus almazaras  a los clientes para constituirse en Cooperativas: los nuevos socios irían amortizando el coste de las instalaciones con un descuento pactado deducible todos años del precio neto final que alcanzara la aceituna hasta la total cancelación de la deuda, tal como hacía legalmente  la Cooperativa “San Isidro” — y todas las demás— para la amortización de las inversiones. 

Quiero   señalar   que   los fabricantes— recuerdo a dos en concreto— que decidieron  resistir el envite de las olas al frente de sus almazaras industriales, finalmente hubieron  de claudicar ante las pérdidas y fuga de  clientes a una cualquiera de las tres cooperativas que  a partir entonces hubo en Periana.

Intentar  navegar  contracorriente   es  una temeridad  que conduce inexorablemente al naufragio, como así  sucedió… Los más sagaces  atracaron   el barco a tiempo  para  salvaguardar  y  librar al  mismo  del  hundimiento total  que ocasionaría   el vendaval  de  cooperativismo  que  con tanta fuerza  se  expandía… 

El  descuento practicado para la amortización de la deuda contraída por la compra de la almazara, se llamó primeramente   Capital retenido (CR), y después, Aportaciones obligatorias (AP), que deben ser aprobadas en Asamblea General por la mayoría cualificada requerida. Ambas retenciones entran a formar parte del Capital social de la Cooperativa y se deben reconocer a cada socio— cosa que no siempre se hace—mediante títulos nominativos numerados correlativamente y en las condiciones legalmente establecidas. Ello  ilusionaba  mucho a los socios, pues participaban en la propiedad de la Cooperativa  proporcionalmente al  Capital  aportado. A más de un socio se le oía decir a este respecto,  con  alborozo: 

      Hombre, así tiene uno algo de propiedad en la almazara… De la otra manera, todo   es del fabricante .Por lo menos tienes derecho a que te muelan las  aceitunas, y a elegir a los administradores. Ahora  somos  dueños  y no sólo clientes… 

De esta forma, surgieron en Periana— en 1967— dos cooperativas más con las siguientes denominaciones, la primera de ellas ubicada en la misma localidad de Periana, y la segunda en la Barriada de Mondrón. Ambas iniciaron la molturación en la campaña olivarera 1967-68: 

Cooperativa Sindical  Frutera  y Aceitera “Nuestra Señora del Pilar”.

Presidente: Bartolomé Clavero Núñez
Secretario: Francisco  Molina Toledo
Tesorero: José Núñez  Núñez

 

Cooperativas Sindical Olivarera “San José Artesano”.
Presidente: Manuel Díaz Pascual
Secretario: Segundo Pascual Toledo
Tesorero: Francisco Toledo Benítez

Vocales: José Alba Pascual
Jerónimo Retamero Martín
José Pascual Toledo

        Existe una  regla de oro, relativa al cooperativismo, que podemos enunciar así: Si en una misma localidad coexisten durante largo tiempo una Cooperativa olivarera y una o más almazaras industriales, sin que éstas cierren o se arruinen, es porque la Cooperativa no funciona bien por la razón que fuere, casi siempre, por incompetencia de sus Rectores o pasividad de los Interventores de cuentas para inquirir o  indagar si algo extraño sucede en su gestión… 

  Y retornando a la centralidad del tema,  diré que  cada una de estas dos Cooperativas nuevas, con sus correspondientes  Juntas Rectoras al frente —así denominadas en aquellas fechas— iniciaron la actividad propia de su objeto social, con bastante éxito por cierto… Pero la disparidad de precios alcanzados —la igualdad de los mismos era muy improbable, además de sospechosa, caso de que se diera—suscitaría rivalidades, comentarios de toda índole, recíprocas acusaciones de trampas  y maquinaciones    para obtener precios más altos,  trasvase voluntario de socios— no mucho— de unas a otras, donde siempre eran bienvenidos…, sigilo absoluto en las operaciones mercantiles (venta mayor de aceite),  es decir, secretismo total…, aunque las relaciones personales de sus miembros parecieran  cordiales, al menos externamente… 

Comienzan “las guerras cooperativas”, pero aparentemente corteses, eso sí, aunque no exentas de críticas encubiertas de las unas a las otras… Si algún sucedido negativo desprestigiaba a una Cooperativa, la noticia era siempre recibida con albricias o júbilo, aunque disimuladamente, por las demás… Estas rivalidades tan poco  comprensibles  en entidades exentas de lucro, eran en cierta  manera,  hasta positivas para estimular   a los rectores   a ser  más  eficaces  en la administración de los intereses a ellos confiados.

 No obstante el secretismo señalado, sí existió un punto de encuentro altamente positivo y encomiable,  hoy obviado: Los representantes de algunas  Cooperativas de la zona— Periana, Mondrón  y  Riogordo, situadas en la misma ruta— se  reunían  al comienzo de  cada campaña olivarera para fijar   un precio unitario  en  las  ventas  de aceite al detall o  por menor en evitación de absurdas y lesivas competencias... Este pacto funcionó de forma muy positiva durante varios años.  La unificación de precios  era   más  importante aún  si  tenemos  en cuenta  que se vendían  grandes  cantidades   de producto a los clientes llamados  “domingueros”…  Estas interesantes ventas directas — productor - consumidor— han descendido  desde hace unos años. El hecho, curiosamente,  entra en contradicción  con la mayor tenencia  o posesión de automóviles en la actualidad por parte de la ciudadanía,  y también  con la mejora de las carreteras…

Resultaría interesante analizar  las causas de esta bajada de clientes directos para intentar recuperarlos y, a ser posible, incrementar su número con otros nuevos… La celebración  todos años del  DIA DEL ACEITE   VERDIAL  es una magnífica plataforma para la promoción de nuestra principal riqueza: el aceite de oliva. Buena idea ésta, pero no suficiente… Son necesarias más iniciativas…

Cada una de las tres Cooperativas  aspiraba a pagar la aceituna al precio más alto posible, lo cual es lógico y explicable, pues no otra es su  finalidad… Los socios, tan pronto se hacían públicos estos precios, establecían comparaciones entre los unos y los otros,  y pensaban, aunque no siempre  fuese  así, que la que los obtenía   más altos era porque estaba mejor administrada… 

Esta comparativa de precios excedía a veces nuestros límites locales para alcanzar, incluso, a poblaciones aledañas, como  Los Romanes, donde la Cooperativa “Santa Teresa de Jesús”creada en 1964—, dirigida y administrada eficazmente por su  entonces presidente, Angel  García,  solía  obtener   excelentes  precios, debido  también a  la  inmejorable calidad de su más temprana  aceituna… Esto, claro está, estimulaba a los administradores de las  restantes a aguzar el ingenio en la campaña siguiente. 

Esta sana y positiva competencia  no existe hoy, lamentablemente,  al desparecer el precio unitario  e implantarse el sistema de análisis para individualizarlos, según  el rendimiento de la aceituna de cada socio. No entro a valorar si esto es bueno o malo—no obstante tener una opinión muy  personal sobre ello—, pero sí  constato que la anterior comparación   de precios entre Cooperativas era un estímulo  que movía   a  los gestores de estas entidades  a avivar  el ingenio en la administración de los bienes a ellos confiados…

Se dio el caso—omito  nombre por razones obvias— de una Cooperativa no muy alejada de  nuestro entorno geográfico que  obtuvo un préstamo bancario para  “pagar la aceituna” a precio superior al realmente reflejado en su contabilidad…  Evidentemente, los problemas  surgieron a la hora de reintegrar el préstamo a la entidad que lo concedió… Todo ello prueba la   psicosis  generada  por  la  guerra de precios, alentada por los mismos socios,  que se vivió en aquellos primeros años de expansión del cooperativismo. 

 El primer año en el que las tres cooperativas iniciaron simultáneamente su actividad—campaña oleícola 1967-68—, los precios finales  oscilaron entre las 7 y las 8 pesetas kilo. Recuerdo con exactitud el precio obtenido por  la Coop. San Isidro en esa campaña: 7, 89 pesetas   kilo  de aceituna y el de   Mondrón 7, 44.  Buen precio para aquellas fechas. En los años siguientes, los precios se igualaron   tanto, que las diferencias entre los de  unas y  otras Cooperativas eran   mínimas, y  con ello  se logró que  las tres gozaron de igual  prestigio  y  confianza ante  sus socios…

Las diferencias sensibles de precios entre las Cooperativas  del mismo ámbito geográfico, siempre han generado críticas, recelos y desconfianzas entre los socios —  antes más que ahora—,  por las razones que expongo más arriba.  Pero  más inquietud  y sospecha  debería  producir si las coincidencias en los precios fueran absolutas. Ello sería síntoma de algo más grave e incluso delictivo: amaño y connivencia, como dicen suele ocurrir en algunos deportes…       

     Sobre  las  diferencias de criterio  observadas   en la administración de las   Cooperativas de nuestra zona,  como sabemos sociedades exentas de lucro,  —  tema de  actualidad por aquellas fechas— publiqué en la prensa malagueña, hace  algo más de  43 años, concretamente el 12 de noviembre de 1970, un extenso artículo,  titulado  LOS COOPERATIVISTAS Y LA PARÁBOLA DE LOS TALENTOS.

        No puedo resumirlo porque ocuparía excesivo  espacio, y además,  sería innecesario  hacerlo.  Pero invito al lector interesado en el tema a que lea la parábola de los talentos (Mateo 25, 14-30),  y de ella sacará la conclusión de que no todas las personas administran con la misma eficacia los bienes a ellos confiados,  y que por este  motivo,  los  resultados  y recompensas  obtenidas son desiguales.  Transcribo— admítase   la autocita—sólo esta frase entresacada  del mismo, tan válida  antes como ahora: 

      Pero sea cual fuere la intencionalidad subyacente en los  administradores de estas entidades, lo indudable es que por su  similitud con la empresa privada,  exigen para su buena marcha una dirección honrada, diligente, futurista, planificadora y animada de espíritu empresarial. 

      Y  más adelante, añadía:  

        Los rectores deben dirigir  los destinos de la entidad a ellos  confiada en libre elección por los socios,  con alteza de  miras y conducta  irreprochable, anteponiendo los intereses de los socios a los suyos propios… 

      Este aserto siempre ha estado y estará vigente,  y puede hacerse extensivo  a  todos los  tiempos  y  órdenes  de la vida. Y hoy añadiría algo más: estos  rectores deben ser conscientes de que son administradores y no dueños, y que las Cooperativas fueron los primeros  y  únicos entes económicos  verdaderamente democráticos de la era franquista… 

    Y ahora vuelvo otra vez con don Ernesto Iglesias, persona vilipendiada, como expongo antes,  por los fabricantes y sus seguidores al comienzo del cooperativismo en Periana. En su haber debo anotar, que, según la normativa vigente en aquel momento, para crear una Cooperativa en localidad donde existiera otra, la primera debía informar a la Jefatura Provincial de la “Obra Sindical de Cooperación” en sentido favorable, manifestando que no afectaba negativamente a sus intereses societarios. Aún recuerdo el comienzo de su escrito dirigido a este Organismo en el caso de Mondrón: 

 “Ernesto Iglesias Suárez, Secretario de la Cooperativa Sindical Olivarera “San Isidro”, de Periana, SALUDA a la nueva Cooperativa Sindical Olivarera “San José Artesano”….”.

 O sea, que en ninguno de los dos casos objetó nada. 

 Quiero incidir sobre la valoración de este hombre— al César lo que es del César…—,  persona  que tuvo muchos  detractores en el pueblo, y no sólo detractores, sino hasta enemigos, aunque el término resulte demasiado fuerte… Pienso que, cuando se marchó a vivir a Granada, algunos se alegrarían de su ida, diciéndose en su interior, al menos los más  benévolos y piadosos, algo parecido a esto: 

¡Adiós, tanta paz lleves como descanso dejas…! 

Pero cuando esta marcha se produjo, ya jubilado  y  en el  ocaso  de su vida, muchas pasiones y motivos de fricción  se habían  acabado: las dos  Cooperativas de Periana  estaban  próximas  a  su  fusión,  los viejos rivales habían desaparecido del escenario  de la confrontación, la mayoría de la gente se ocupaba de cosas más constructivas, etc. Eran otros tiempos, soplaban los  nuevos vientos que barrieron las mentalidades prevalentes en el  pasado   y trajeron  los  ideales  de la  democracia… 

 Su  decisión  de crear una Cooperativa olivarera en Periana, prescindiendo de los inconfesables   móviles iniciales— más basados en la enemistad personal que en el altruismo o deseos de servicio  a los agricultores, al menos esto se  evidenciaba —, resultó a la larga sumamente positiva para el pueblo y la comarca: ella   fue  como  el germen que propició el nacimiento de otras muchas en la Axarquía.

Tal vez sin saberlo, leyó el futuro… y acertó.  Si esta idea  nació con el pecado original  de la animadversión  y  los deseos de revancha  entre personas – sobre lo cual abrigo pocas dudas —después se redimió por el bien  que trajo a la  localidad,  especialmente  al   sector olivarero.  Para  éste,   Ernesto Iglesias fue como su  mesías salvador… El respeto a la verdad me obliga a decirlo. 

Conocí muy bien los entresijos   del  surgimiento  del cooperativismo local porque lo viví intensamente, y en  muchos aspectos,  fui hasta protagonista activo del  mismo. Y conste, para los que no lo sepan, que mi familia más  cercana, — almazareros de toda la vida —fue una de las más perjudicadas económicamente por la implantación  de este  cooperativismo en Periana.  De la lectura íntegra de todos los apartados de este largo artículo, se deduce la veracidad de mi aserto…

Pero es  evidente, contempladas  las cosas  desde la perspectiva  del tiempo,  que,  aunque  este maestro   no hubiese aparecido por nuestro  pueblo,  la Cooperativa, antes o después, habría sido  creada lo mismo que se crearon otras  en todas las zonas olivareras de Andalucía. No sé si con más o menos  oposición y estridencias…. Probablemente con menos, pero hubiese sucedido así porque   el   signo de los tiempos que  las imponía era  imparable…

                         

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 FUSIÓN  DE  LAS DOS   COOPERATIVAS DE   PERIANA

 Pero en el caso de Periana— casco urbano— resultaba antieconómico  y poco estético  que en la misma localidad coexistieran dos Cooperativas con el mismo objeto social y con almazaras situadas a escasos metros la una de la otra, haciéndose competencia desleal hasta en la venta de los aceites… Estas actitudes,  en sociedades exentas de lucro,  carecía de sentido y hasta resultaba vergonzante…Todo ello no era más que una consecuencia de las nefastas y absurdas rivalidades del pasado, más personales que sociales... Había que fusionarlas… El acuerdo se consiguió porque rectores sensatos y ecuánimes de ambas cooperativas alcanzaron un consenso, gracias también a la labor intermediadora de ciertas personas de relevancia social en el pueblo, que coadyuvaron con sus buenos oficios a que culminara esta unificación...

Era legalmente imprescindible— que las Asambleas Generales Extraordinarias de ambas sociedades, convocadas al efecto en tiempo y forma, y celebradas por separado, así lo acordaran en votación secreta por la mayoría legal exigida para ello, que para el caso de fusiones, es de dos tercios. Por fin, se impuso el sentido común y se fusionaron… La negativa hubiese sido, además de escandalosa, comercial y socialmente suicida… 

Se  firmaba la paz  y con ella  el final  de  “las guerras cooperativas” en Periana tras cerca de 20 años de absurdas hostilidades y competencias desleales  para los intereses de todos… 

Tres hombres, de talante abierto y dialogante, fueron clave para el  logro de la  fusión de  ambas  Cooperativas en aquel momento: Carmelo Martínez Infantes, Salvador Verdugo Núñez y Antonio Ruiz García. 

Esta unificación, refrendada por ambas asambleas, se llevó a efecto mediante la fórmula legal de FUSIÓN POR ABORCIÓN, documentada, como era preceptivo, en Escritura pública. Esta se firmó el día 7 de febrero de 1985.  Dice la normativa vigente al respecto que la Cooperativa absorbida—en este caso   Olivarera y Frutera Ntra. Sra. del Pilar—queda disuelta y su patrimonio pasa a integrarse en  la Sociedad absorbente— Coop. San Isidro—que asume los derechos y obligaciones de la  Sociedad disuelta.  Y así lo hicieron.

CONSEJOS RECTORES PACTANTES
 Por laCooperativa Olivarera “San Isidro”:
Presidente: Salvador Verdugo Núñez
Secretario: Ernesto Iglesias Suárez
Tesorero: Antonio Ruiz García
 
Por la Cooperativa Olivarera y Frutera “Ntra. Sra. del Pilar”:
 
Presidente: Carmelo Martínez Infantes
Secretario: Manuel García Barroso
Tesorero: Juan Díaz Ropero

CONSEJO RECTOR ÚNICO

COOP. OLIVARERA Y FRUERA “SAN ISIDRO”
(absorbente)
Presidente: Carmelo Martínez Infantes
Vicepresidente: Rafael Pascual Zorrilla
Secretario: Manuel García Barroso
Tesorero: Antonio Ruiz García

    Quiero  manifestar, en evitación de  suspicacias  e  interpretaciones  erróneas,  que Bartolomé Clavero no figura  ninguno de los  dos últimos Consejos Rectores citados anteriormente porque había fallecido en Periana  el 30.11.1981. No pudo ver fusionadas ambas Cooperativas, cosa  que él deseaba — me consta— y a la que  no dejó de aspirar  porque  siempre  tuvo   una  visión  certera  de  la realidad …  

    Ernesto Iglesias se jubiló como enseñante en 1983, y a los pocos meses trasladó su residencia a Granada, ciudad donde  murió  en junio de 2008,  a los 95 años de edad,  un mes después del fallecimiento   de su segunda esposa.     

    Desde esta ciudad,  el matrimonio  se desplazaba periódicamente a Periana, donde  conservaba  su  vivienda, y pasaba largas temporadas.  Él continúo   cumpliendo  con sus obligaciones de Secretario  de  la Cooperativa hasta la fusión de ambas en 1985, como expongo  más arriba. Con esta fusión  vio culminada su obra, y  se retiró del cooperativismo tras cerca   de 28 años de servicio al  mismo. También él, soportando  la  inexorable   y pesada carga  de los años y viviendo en la lejanía,  anhelaría  poner punto final a  tan larga  lucha y brega… La edad apaga impulsos e ilusiones…

 

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COOPERATIVA OLIVARERA “SAN JOSÉ ARTESANO”
MONDRÓN

 Como queda expresado en un capítulo anterior, en la Barriada de Mondrón se creó una Cooperativa con fecha 13 de  octubre 1967 con la denominación de Cooperativa Sindical Olivarera “San José Artesano”.

    

Interior de antigua Coopertativa de Mondrón "San José Artesano"

 Para cumplir con sus fines sociales adquirió, en el mismo año de su constitución, una almazara a don Antonio Pascual Toledo, como también lo hiciera  en Periana  la Cooperativa Olivarera y Frutera Ntra. Sra. del Pilar respecto a la almazara de  Nacle, Clavero y Molina, SL.



Plano de la fábrica de D. José Pascual Godoy.
 Del archivo administrativo de la Fundicón Ramirez. Málaga

En la Barriada de Mondrón, además de la almazara de don Antonio Pascual Toledo, existía otra,  propiedad de don Emilio Ortigosa Martos. Antes de la creación de una Cooperativa en esta localidad, los promotores de la misma— entre los que me encontraba— invitaron en reiteradas ocasiones   al Sr. Ortigosa para que  se uniera con su almazara al nuevo proyecto que pretendíamos    realizar en esta zona. Esta almazara gozaba de mejor ubicación, amplitud  y capacidad de molturación que la anterior. Pero él, y aún más su esposa— la fábrica era bien privativo suyo— rehusaron hacerlo. No previeron que el cooperativismo se imponía de forma imparable  como  nuevo signo de los tiempos… El  movimiento asociativo  de los agricultores adquirió tal fuerza y despertó tanto interés entre los  mismos, que  hacerle frente  compitiendo  con  él,   era una temeridad y poco  menos que un suicidio económico.



Fábrica de Emilio Ortigosa Martos de Mondrón

A  los  pocos  años de iniciar  la   actividad  la nueva Cooperativa, el Sr. Ortigosa cerró su almazara. Ésta sería arrendada  durante  un período  de   seis años  por   la Cooperativa constituida en previsión de alguna avería importante en la propia  o incapacidad  para  molturar todas las aceitunas en años de abundante cosecha. Afortunadamente,  no fue necesaria su utilización. No obstante, la cantidad pactada por el arrendamiento se  satisfacía puntualmente al final de cada campaña. 

Pasado algún  tiempo , la almazara fue  adquirida  por don Antonio Arrebola Toledo,   hermano de la propietaria,  y vendida por éste—en 1997—, a la Cooperativa de la localidad, interesada en su adquisición desde  los   inicios,  por gozar de   mejor situación y  accesos  que la propia al  estar  enclavada    junto  la  carretera  A-7204. 

  En este edificio  tiene  actualmente  sus modernas instalaciones industriales y comerciales, tras la realización de fuertes inversiones en moderna maquinaria, bodega, recepción de aceituna, oficinas,  mejoras en la edificación, etc.



Cooperativa San José de Mondrón

 El local de su primera almazara   fue vendido al Excmo. Ayuntamiento de Periana, adquirido por éste para  destinarlo, al parecer,   a la construcción de  viviendas sociales. 

El  Consejo Rector que creó y puso en marcha  esta Cooperativa, estuvo formado, como indico en otro lugar, entre otras, por las siguientes personas: 

Presidente:    Manuel Díaz Pascual
      Secretario:    Segundo Pascual Toledo
       Tesorero:       Francisco Toledo Benítez

 
  Segundo Pascual Toledo               Manuel Díaz Pascual


 En el primer semestre de 1969, la CAJA RURAL MÁLAGA  aperturó   en Mondrón una Oficina para prestar los servicios propios de esta Entidad a los socios de la Cooperativa y demás vecinos de la comarca. Fue Director de la misma hasta su  jubilación el socio  don   JOSÉ PASCUAL TOLEDO, persona de especiales cualidades humanas para la función  que se le encomendó.  La oficina estuvo situada en la calle  Arriba hasta  su cierre por traslado a  Periana.  Este traslado tuvo lugar en  septiembre de 1971 a petición del Tesorero de la Cooperativa “San Isidro”— don Antonio Ruiz García— persona que fue  director de la misma también hasta su  jubilación.

  
Interior Cooperativa de Mondrón

Traigo a colación los datos anteriores relativos a la CAJA RURAL de  Periana— hoy CAJAMAR –  porque siempre resulta interesante— al menos para mí lo es, como  amante de los orígenes y evolución de las instituciones— conocer  todo aquello que  utilizamos  a diario.  

  
Interior de bodega y mesa de extracción de Cooperativa de Mondrón

  La persona que  dirige y preside  actualmente esta Cooperativa olivarera  de Mondrón  es  don Antonio  Alés  Fernández, asistido  en la administración de la misma por  su secretario, don Antonio Ranea López,  ambos agricultores de esta localidad, a la que dedican parte de su tiempo libre, sobre todo, a la promoción y venta de los excelentes  aceites  de esta comarca. 

 

9
 COOPERATIVA SINDICAL OLIVARERA   “SAN MIGUEL”  
SÁBAR  (ALFARNATEJO)

 Pocos años después de la creación de las citadas cooperativas en  las localidades de Periana y Mondrón,  se creó la COOPERATIVA SINDICAL OLIVARERA “SAN MIGUEL”, en  las inmediaciones  del  Puente  sobre   río  Sábar (Alfarnatejo) La molturación no se iniciaría hasta la campaña oleícola  1970-71, pues surgieron multitud de obstáculos,  entre ellos, la ausencia de electrificación,  tema sobre el que  afloraron  ya  las primeras discrepancias y  disputas entre  algunos de sus miembros,  presagio  de otras posteriores… 

Su promotor  y primer presidente—don Salvador Quintana Mérida— persona  de singular locuacidad,  se negó a  suministrar electricidad para el alumbrado de algunas viviendas  cercanas que carecían de ella.  El motivo de   la  negativa  era   que sus  moradores  rechazaron   la invitación  para causar alta como socios en la  proyectada  Cooperativa ante los malos presagios que sobre la misma se vaticinaban.  Mal comenzaban las cosas…

Su primera Junta Rectora la  formaron, entre otros, los siguientes socios: 

          Presidente: Salvador Quintana Mérida.

         Secretario: Antonio Zorrilla Alba.

         Tesorero: Jerónimo  Retamero Martín. 

    Salvador Quintana,  aunó  esfuerzos y voluntades  de los agricultores de aquella  pequeña  comarca. Embaucó con su peculiar  charlatanería   y  promesas  a muchos  de estos modestos  labradores  hasta el punto colocarlos  ante  el abismo de la ruina…



Antigua coopertiva de Sabar

 Los estudios  previos que deben realizarse — especialmente  producción de aceituna— para  conocer la viabilidad del   proyecto  de  construcción  de una almazara cooperativa, fueron  a todas  luces erróneos e ilusorios: la cantidad máxima que llegaría  a molturar  en cada una de las cinco  campañas de su efímera existencia apenas  alcanzarían   los  trescientos mil kilos  de este fruto, y ello en años de óptima cosecha… 

No hay que hacer demasiados cálculos económicos  para llegar a la conclusión de que la idea estaba condenada al fracaso antes de  plasmarse en realidad… La fantasía   y  quijotismo    del promotor— no dudo de su buena voluntad— condujo a algunos  pequeños agricultores  de la comarca a una difícil situación económica  de la que  a duras penas pudieron  resarcirse, no sin  gran quebranto para sus modestas economías.            

     A los dos o tres  años de su actividad, una noche,  alguien no identificado, les robó  el aceite  de  parte  de la  campaña… Este hecho, unido al esfuerzo  económico que supuso  la construcción de la almazara— con financiación bancaria—sembró  la desconfianza entre los socios, y  ello  propició, como una causa más, la disolución  de la  sociedad.  Se dice que cuando en una de estas sociedades  entra la desconfianza por una  puerta,  por otra salen los socios…    

     Esta  Cooperativa construyó una  buena  almazara de nueva planta en la margen  izquierda  del  citado río, planificada y montada por la entonces prestigiosa  firma industrial  PALACIN,  de Úbeda, especializada en el montaje de  industrias  aceiteras —como aludo en otro capítulo— pero que  por las razones explicadas anteriormente , fue cerrada y liquidada  a escasos años  de iniciar  su funcionamiento. El proyecto era, a todas luces, inviable.  

      Su nueva maquinaria la  adquirió  la Cooperativa de Mondrón para ampliar sus instalaciones, y sus socios causaron  alta en ésta en igualdad de derechos y obligaciones, pues la mayoría de ellos ya habían pertenecido  a  la misma.     

    De  la  existencia de esta almazara sólo quedan,  como  vestigios  de lo que fue, la nave industrial y dependencias anejas, utilizadas previa adaptación,  hasta hace escasos años, como   concurrido restaurante, hoy  cerrado.  Un recóndito y bello  paraje,  idóneo para la industria hotelera, a orillas del mencionado río— con posibilidad de baños en el mismo—  y junto a la Carretera  A- 7204.  Todo ello en las estribaciones  de la Sierra de  Sábar, que le sirve de fondo, y de entre cuyas rocas  manan  las aguas  del  río del mismo nombre.    

  

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RIOGORDO Y SUS COOPERATIVAS

      Como prueba evidente  de lo que podríamos llamar elefecto dominó, tenemos  el caso de Riogordo. Existe cierto paralelismo y analogía entre esta localidad  limítrofe  con  la nuestra en cuanto se refiere a la creación de su  Cooperativa. No obstante, el  ambiente social existente  era distinto al de Periana.  Las relaciones  cooperativistas- fabricantes  fueron más cordiales y amistosas que en nuestro pueblo… 

        Pero la  causa  base  o    motivación  primera, y la consiguiente reacción,   fue  similar: el  descontento   de los olivareros ante los  bajos precios de la aceituna y la lógica defensa de sus  intereses.  Se conjeturaba o presentía  que el viejo sistema  comercial de compraventa de aceitunas  entraba en crisis  y comenzaba una nueva forma de  comercializar  los productos del campo, afortunadamente con  bastante éxito, aunque,  como toda actividad humana, perfectible  y mejorable en muchos aspectos…         

       En la  localidad  de Riogordo se dio una circunstancia especial  que sería como el germen de su  almazara cooperativa: el año precedente a la iniciativa de su creación ,  los fabricantes tuvieron importantes pérdidas por la paralización  de los mercados  y  brusca bajada de los precios del aceite, lo que incidió  muy negativamente en su cuenta de  resultados, pues habían  almacenado  en sus bodegas una parte importante  de la cosecha  esperando  una elevación  de  precios en verano, cosa que algunas veces sucedía, y sucede, sobre todo  si la  siguiente   se vaticina mermada o  deficiente. Pero los mercados no se comportaban ni comportan  siempre con las reglas de la lógica: los silogismos  no son aplicables al comercio… El factor de riesgo existe siempre,  y además, es bueno que así sea…    

    Este inesperado  contratiempo  les ocasionó un  importante  quebranto económico.  En    la campaña siguiente trataron de resarcirse pagando la aceituna  a precios más bajos,  y ello, consecuentemente,  provocó la indignación de los olivareros. Entendieron éstos,  con toda razón  , que  no debían  ser ellos  los  que soportaran esta  adversidad comercial— los “paganos” del error— pues vendieron su  fruto al   precio  de mercado  que  corría  en el momento de la recolección. Por consiguiente,  las  negativas consecuencias  de las  habituales  fluctuaciones del  marcado debían asumirlas  los fabricantes como un riesgo propio de toda actividad mercantil, y no ellos,  que para nada  habían intervenido en  esta toma de decisiones  por ser ajenos a la misma.    

    La única especulación posible para los agricultores ha sido siempre  qué  mano extender  para cobrar  el precio de sus frutos: si  la derecha o la izquierda, pero siempre con  el  decepcionante  resultado  de  ver depreciado  el   producto, base  principal   o   exclusivo  de su   modesta economía, basada   en nuestro  caso,   en el casi monocultivo del olivar.

   La  información  precedente me ha sido facilitada por personas  allegadas  a los mismos  fabricantes, razón  por la que no  podemos dudar de su certeza… 

   Fue entonces cuando los   llamados  cosecheros tuvieron  un motivo más para  la  creación  de  una  Cooperativa.  Y las miradas se dirigieron hacia  Periana, como  lugar donde obtener la  información    necesaria   de  parte de  Ernesto Iglesias, considerado,  como  dije  en otro  momento,  pionero e impulsor de la iniciativa del  cooperativismo en nuestra comarca…    

     Pero antes de  aventurarse a   la creación de una almazara cooperativa acordaron  con los fabricantes  locales la práctica  utilizada  en Periana durante las  dos o tres  campañas siguientes a la constitución de  la Coop. San Isidro: cobrar  la aceituna al mismo precio que  ofreciera  ésta  a sus socios,   previo  descuento de de 0,20 pesetas kilo.  Pero la experiencia del primer año fue tan  negativa para los fabricantes de Riogordo como lo estaba siendo  para los de  Periana…  Como  expuse  otro lugar,  competir con una cooperativa bien administrada es tarea  imposible cercana  al suicidio empresarial…  Y  rompieron el pacto para campañas  sucesivas.   

                                                   Cooperativa   “San Jacinto” 

      Así las cosas,  decidieron  constituir —  año  1964— su propia   cooperativa. Ésta se  denominó  Cooperativa Sindical Olivarera “San Jacinto”.    El   considerado promotor de la misma fue   el médico  ejerciente  en  la localidad,  don Victoriano Elorza Trigueros, que era al mismo tiempo agricultor por el cultivo  de las fincas de su esposa.  Si en Periana fue un maestro gallego quien enarboló la bandera del cooperativismo, en Riogordo sería un  médico  manchego el que   hiciera lo mismo … Pero en realidad, el médico era —me informan— como un señuelo   para  prestigiar la operación y captar  socios, pues  ni su profesión le dejaba tiempo libre para ocuparse de  actividades ajenas a la atención de  los enfermos   ni sus conocimientos  sobre la fabricación y comercio  de  los aceites  era el requerido para dirigir una cooperativa. Su vocación era otra. Tampoco su economía familiar dependía de la agricultura, razón ésta por la que su interés  por el tema no era  prioritario ni formaba parte de sus inquietudes.  Su aceptación del cargo se debió a las sugerencias  y presiones  de ciertos vecinos,    que lo veían  como  la persona  más idónea   para liderar el proyecto.       

      He conversado  largamente en su casa de Riogordo con Antonio Guerrero López, primer interventor de esta  Cooperativa. Es en la actualidad  la persona mejor informada sobre los orígenes y primer desarrollo de la misma. He recurrido a él porque, además, es un viejo amigo que  orientó mis primeros pasos  en la nueva experiencia  que se iniciaba  en el  asociacionismo agrario. Observé que goza de una memoria prodigiosa. Conversador  ameno, me  relató   con  franqueza  y  todo  lujo de detalles,  entre otras cosas, lo siguiente:    

           El hombre que más influyó en la  constitución  de la primera  Cooperativa de Riogordo— el verdadero organizador   y artífice — fue Antonio Morales Molina, que después sería Tesorero de la misma. El  impulsor inicial  fue  él. Mantenía muy buenas relaciones de amistad con las personas de mayor relevancia social  de Periana, como Bartolomé  Clavero, pues vivió largos años en aquella localidad ejerciendo la  profesión de agricultor, y  conoció  también a los promotores de la primera cooperativa creada en la comarca. Allí  comprendió   las ventajas de la  asociación   de  los olivareros para la defensa de sus intereses. Esta experiencia  suya   nos la transmitió con entusiasmo,  y caló pronto entre nosotros.    

       Otra  persona  que no quiero soslayar, pues todo cuanto comento forma  parte de la historia local, es la influencia que en todo este proceso tuvo  también  Rafael Núñez Lagos, miembro de la conocida   familia de Los Núñez,  de Periana.  Este hombre casó con una hacendada local,  dueña de parte del conocido cortijo El Marqués— y  esta circunstancia  lo   convirtió en un importante cosechero de aceitunas. Por ello se posicionó desde un principio con los que estábamos  a favor del proyecto. Aunar voluntades y suscitar adhesiones,  era muy importante, y sobre todo, había que contar con las personas  de mayor predicamento  y estima  en el  pueblo…  Su apellido y antecedentes familiares eran  por sí  mismos un aval…  

        Don  Victoriano, el médico,  fue sólo “un cuadro decorativo”.  Pensamos en él por ser  también gran cosechero, y sobre todo, por  su prestigio  e influencia  moral sobre los habitantes  de  la localidad: había que inspirar confianza  y conseguir la mayor cantidad posible de afiliados, pues todo aquello era desconocido para  la gente sencilla… La persona del médico era  muy relevante  e influyente socialmente en los pueblos, mucho más que hoy,  pues  en la mayoría de los casos ni siquiera  habitan  en la  misma localidad  donde prestan sus  servicios.  Sin su apoyo,  tal vez hubiésemos fracasado…Fue  un hombre agradable y convivencial, además de excelente profesional. Era imposible no adherirse al  proyecto  que proponía negándose a participar en el mismo…  

     Pero el  verdadero  promotor de   todo aquello fue,  como indico al principio,   Antonio Morales…. Y como éste  tenía muy buenas relaciones con los cooperativistas de Periana, nos pusimos en contacto con ellos y nos fueron suministrando toda la información necesaria para iniciar nuestros primeros pasos en la andadura  del  cooperativismo, infundiéndonos ánimo y confianza…    

     En  este  colindante pueblo  tuvimos varias entrevistas, sobre todo, con el maestro Ernesto Iglesias, que era el más entusiasta y mejor  informado. También asistía a estas reuniones Francisco Guerrero Pascual, presidente, pero este hombre intervenía poco en las conversaciones…

     Fue el maestro—el  secretario— quien  nos orientó  y alentó mucho en nuestras pretensiones. Seguimos sus indicaciones hasta lograr nuestro objetivo: crear en Riogordo una Cooperativa como la tenían nuestros vecinos…      

      El proyecto no estaba exento de dificultades: elección y adquisición del solar, montaje de la  maquinaria, escasez de medios económicos —préstamos bancarios— propaganda adversa de mucha gente deseosa, incluso, de que nos equivocáramos, reticencias y desafecciones  de algunos futuros  socios…  Pero de todo aquello salimos con éxito  gracias al aliento y apoyo de muchas personas que confiaron en nosotros.    

    Durante los primeros años de molturación,  el administrador fue el mismo Morales. Recuerdo que  percibía   la exigua cantidad de  doscientas pesetas diarias,  más en concepto de  gratificación que como salario. Estaba claro que a este hombre no le movía el lucro personal…  Pero pasado algún tiempo  quiso  renunciar por cansancio  y, sobre todo, para poder ocuparse con más dedicación  de  sus asuntos personales. Entonces me ofrecieron a mí el cargo  que él  ocupaba.  Yo me resistía a aceptarlo porque era un puesto de mucha responsabilidad, pero me presionaron  varias personas, y  tuve que aceptar… La cantidad que me ofrecían   — seiscientas pesetas diarias—   tampoco era desdeñable para aquellos tiempos. Eso sí, me exigían dedicación  casi exclusiva… Después me subirían el sueldo conforme aumentaba el coste de la vida…  Y allí estuve varios años como administrador y responsable de todo: contabilidad, balances, ventas, maquinaria, etc. En este ambiente,  conocí y establecí buena amistad con muchas personas con las que obligadamente tenía que relacionarme. Todo ello me resultaba muy  gratificante…  

     Comenzamos a pagar la aceituna según su riqueza grasa  o   rendimiento individual, como se hace ahora, pero con la particularidad de que nosotros mismos hacíamos los análisis en nuestras propias dependencias, valiéndonos de un grupo de chicas de la localidad, sin tener que recurrir a un laboratorio foráneo, como en los tiempos actuales. Con esta medida  creábamos  también  puestos de trabajo, tan necesarios antes como ahora…    

    Para los trabajos burocráticos contamos  durante algún tiempo con la inestimable colaboración del oficial del Ayuntamiento, Francisco Fernández Palomo, s conocido en el pueblo como Paco “El Tronchao”, excelente persona y buen administrativo, hasta que tuvo que cesar por incompatibilidad de su trabajo con el nuestro. Ni él ni nosotros deseábamos   su marcha, pero se la impusieron desde el  ente  local al que pertenecía, sin que viéramos por ningún lado los motivos de esa aducida   incompatibilidad… Lo recuerdo porque fue el puntal administrativo en aquellos primeros años en los que toda la contabilidad tenía como únicos instrumentos de trabajo  el lápiz, el bolígrafo y la calculadora manual Olivetti…   

     A veces oímos decir a los gestores  actuales de las cooperativas que la gestión de las mismas  es ahora  más compleja que la de antaño, y a mí me gustaría saber en qué se basan para este aserto… La complejidad es la misma, pues existían similares obligaciones contables, fiscales  y administrativas que hoy… Y nada digamos de la  comodidad y ventajas  que en todos los órdenes nos ofrece  ahora la generalización de la  tecnología  informática, con magníficos programas que nos hacen hasta las liquidaciones  finales…        

      Como  dato de mera   curiosidad, diré que la primera cantidad que se destinó a poner  en marcha la construcción del edificio e instalación de la maquinaria, fue Un millón seiscientas mil pesetas. Este dinero lo solicitamos y obtuvimos,  a título personal, Antonio Morales y yo, con la garantía de nuestro patrimonio personal, sin que nos temblara el pulso, a pesar de ser el préstamo de una cuantía  muy elevada  para los tiempos que corrían, y el destino, un proyecto colectivo aún en ciernes…  

    El solar nos costó Treinta mil  pesetas. Posteriormente, hubo que recurrir de nuevo  a los préstamos:  veinte  socios solicitaron cada uno Ciento cincuenta mil pesetas, también como préstamo personal,,  y con esta cantidad nos pagaron a Morales y a mí la suma que adelantamos. El  resto se invirtió en la continuación de las obras, etc.

    Recuerdo que,  como la   propietaria del cortijo  era la esposa  del médico, fue ésta— Custodia Guerrero— la que firmó el préstamo individual que le corrrespondía. Cuento  esto como mera anécdota…   

   Las  sumas de dinero  referidas  pueden parecer ahora exiguas, pero en los tiempos donde se sitúan  los hechos, eran bastante  importantes, pues el  kg de aceitunas se vendía, por ejemplo, a 3 ó 4 pesetas. Por ello, montar una fábrica de aceite en nombre de tantas personas era un proyecto arriesgado y difícil, pero nos decidimos porque teníamos fe en la utilidad de la obra  que proyectábamos realizar… 

   Cuento todas estas cosas para que las nuevas generaciones que ven ahora la grandiosa fábrica que tenemos en  El  Campillo, sepan  los sacrificados orígenes de todo aquel complejo industrial, y cómo germinó y evolucionó todo hasta alcanzar la inimaginable meta que hemos alcanzado…                       .

       La Junta Rectora de la  nueva Cooperativa la  componían, entre otras,  las siguientes personas, según consta en el  Acta constituyente  fechada el  10 de abril de  1964:      

              Presidente: Victoriano Elorza  Trigueros
              Secretario: Miguel Guerrero Morales
              Tesorero:   Antonio Morales Molina
              Interventor: Antonio Guerrero  López    


                            Promotores de la Cooperativa San Jacinto                                  

     Esta  primera entidad—me piden no olvide  el dato— realizó  en el pueblo una encomiable labor social: aplicó  el Fondo  de Obras Sociales— ahora llamado de Formación y Sostenibilidad —  a los fines propios señalados en sus Estatutos, siempre en beneficio de las personas más desfavorecidas del entorno,   cosa que no todas  las cooperativas  cumplían, bien  por desconocimiento de la legislación o  por  desidía o  negligencia de los gestores , no obstante la obligatoriedad de reflejar el   debido  porcentaje   en los  balances  y  libros  de contabilidad…                                                                                                                                                     

                                                   Cooperativa  “San  Isidro”

     Posteriormente, en 1968, se creó la Cooperativa Sindical Olivarera “San Isidro”, promoviendo  esta segunda creación don  Antonio Pascual Campos, por aquellas fechas alcalde de Riogordo ,  desde  cuya alcaldía  realizó una  meritoria labor en beneficio del pueblo,  como con justicia se expone  y  demuestra  en el  libro titulado: 

     ANTONIO PASCUAL CAMPOS

    Retazos de la historia viva de Riogordo

     La  autora,  Emilia  P. Madrona ,  me ha adelantado,  con  su peculiar gentileza,  algunas de sus páginas, cuyo texto comparto plenamente, tanto  por  la veracidad y justicia del relato  como  por  la brillantez de  su  expresión literaria.

   Enhorabuena, Emilia… Parafraseando a  nuestro conceptista Gracián, te diré  que lo  bueno, expresado  con  tu  ágil   y sencillo     estilo,  doblemente bueno…

    La valía del biografiado y  la  brillante ejecutoria durante su  largo mandato como alcalde de Riogordo, bien merece  la dedicación  de un libro  como el que  acabas de publicar.  Era una exigencia de justicia: cualquier  rincón  o calle del pueblo que visitemos,  nos ofrece   la marca o huella de su paso por la alcaldía… Silenciar su fecunda labor hubiese  supuesto  ocultar a las futuras generaciones  una   importante  página de la  más brillante historia de su municipio… 

   Retornando al tema de las   Cooperativas, diré que de  la  lectura  del  Acta constituyente de la  creación  de esta segunda  Sociedad, fechada  el  19 de enero de  1968, se deduce   que  su  primera Junta Rectora  estuvo integrada  por    las siguientes personas: 

        Presidente: Antonio Pascual Campos

        Secretario: Salvador Quintana Mérida

      Tesorero.: Antonio Aguilar García

        Interventor: José Bueno Pérez

        La nueva   Cooperativa adquirió una almazara  existente  en calle  Iglesia, y pasados unos dos años,   vendió  sus locales   y compró  la  fábrica y extractora a don Lorenzo Podadera Muñoz, trasladando a este lugar la maquinaria de la anterior, más moderna y potente que la propia.

     Esta  nueva  ubicación  situaba a las dos  almazaras  cooperativas  de Riogordo   alejadas   del  casco o centro urbano de la población. No obstante, el normal  crecimiento de ésta las había ido rodeando — como sucede en otras localidades— hasta crear un problema urbanístico, y  a veces, también  sanitario…     

  Ambas   sociedades — San Jacinto y San isidro—  coexistieron  durante varios  años de forma similar a las  constituidas en  Periana. Por su capacidad de  molturación y número de socios eran, en términos generales, equivalentes.                          

                                                 LA FUSIÓN

                                  Agro- Olivarera  Riogordo  S. C. A. 

Y  el  4 de abril de   2004  se celebró la asamblea conjunta que  aprobó la  fusión  de las dos  cooperativas  existentes,  tras un largo proceso de reflexión y maduración del proyecto— apoyado éste  mayoritariamente  por  el pueblo—, surgiendo de  la  unión una nueva Sociedad denominada Agro- Olivarera  Riogordo  S. C. A

Tampoco en Riogordo tenía lógica explicación  la existencia de dos almazaras cooperativas separadas la una de la otra  por  escasos metros de distancia. Esto, además de producir  cierto escándalo  social, era antieconómico  y lesivo para los  verdaderos intereses  de los agricultores, intereses que deben prevalecer sobre cualesquiera otros, cosa  que  en  no  pocos  casos  se  olvida y pospone en beneficio de bastardas intenciones  que  degeneran  su origen y naturaleza… Por todo ello,  hubo varios intentos de personas  cualificadas de la localidad  encaminados  a  lograr esta fusión, pero todavía habría que esperar  algún tiempo para que la idea se plasmara en realidad. La fruta no  aún estaba madura… 

     La Cooperativa surgida  tras la fusión  dispone de magníficas instalaciones fabriles, comerciales y administrativas en el lugar conocido como El Campillo, a  1,50  km  del  pueblo — en el emplazamiento del  polígono industrial de  la   localidad —considerándose  en  la actualidad como  una de las más modernas y mejor situadas  de la provincia.



Nueva Cooperativa de Riogordo en El Campillo

   

     Su  presidente me  manifestó  a este respecto, lo siguiente:  

      Antes de la elección de la futura ubicación,   visitamos  varias  almazaras cooperativas de nuestra  provincia    para informarnos  adecuadamente  sobre las características  que debía reunir  el  futuro   emplazamiento, todo ello para  no errar en asunto de tanta trascendencia e irreversibilidad, pues  eran muchos los socios, la mayoría de economía  modesta, pendientes de nuestra decisión.  No podíamos defraudarlos ni equivocarnos…  

    Y  tras el lógico contraste de opiniones, la asamblea general optó democráticamente por este lugar como el mejor de los disponibles en nuestro municipio.  La experiencia  nos dice que acertamos en la elección…     

     El coste total   del proyecto supuso una inversión  de  Tres millones seiscientos mil euros, cantidad  que incluye  una subvención  de  Ochocientos cuarenta y nueve mil. La  financiación  de la diferencia se  realizó mediante préstamo hipotecario. Cito  estos datos,  amablemente facilitados por su gerente,  Sr. Cañamero, para satisfacer la curiosidad de ciertas personas  interesadas  en profundizar en el conocimiento  sobre  la construcción de esta industria aceitera  considerada como modélica,  y por tanto, como posible ejemplo a seguir en situaciones similares de nuestro entorno...  

    Esta  almazara  moltura  aceitunas  pertenecientes  a  olivareros  — 1200 socios—   con fincas enclavadas  en  cuatro términos municipales: Riogordo, Comares, El Borge y parte de Colmenar. Tanto por el número de socios como por la cantidad de  kilos  que aportan, es la primera de nuestra comarca.

   

           Bodega Cooperativa de Riogordo                                           Interior instalaciones Cooperativa Riogordo

    Su emplazamiento  y  accesibilidad — en el cruce de dos carreteras—son inmejorables. Está  considerada  como una Cooperativa puntera y vanguardista  tanto por su  organización interna como por  la comercialización de sus aceites. Esto último— lo digo en otro lugar— es prioritario para la supervivencia  del sector olivarero. Hay que otear el horizonte y poner la proa  hacia donde soplan los  nuevos vientos  comerciales.  Se puede naufragar,  pero si el barco permanece  anclado en el mismo puerto el hundimiento económico  y la corrosión   son  casi seguros…  Lo importante es saber hacia  el punto al que  nos dirigimos… 

El   presidente   de la  Cooperativa resultante tras  la fusión fue— y continúa siéndolo en la actualidad—don   Antonio Zorrilla López, quien cuenta con la  eficiente colaboración de su  gerente Antonio Miguel  Cañamero, personas ambas que  promovieron  y  convirtieron  en realidad  la creación de  la nueva planta, tras una fuerte inversión de capital ya comentada.

La venta de los solares  de las dos  entidades fusionadas, pendiente  de realizar cuando escribo  este comentario,  disminuirá la deuda contraída. La crisis económica  que incide  sobre el  sector de la construcción, ha propiciado que se ralentice  y demore  temporalmente su enajenación…

    El  emplazamiento de dos  almazaras en  el   casco urbano del pueblo era  una  fuente de insalubridad, como apunto más arriba,   algo  prohibido por  las normas sanitarias  más permisivas. De allí, antes o después, había que salir, y así lo hicieron  a tiempo y bien. Un ejemplo a seguir antes de que las ayudas comunitarias para estos fines se acaben de extinguir…     

    Con este   comentario, algo exhaustivo  y pormenorizado,  pongo colofón o remate final   al tema de las  almazaras  industriales  y cooperativas olivareras en nuestra comarca, pergeñado  con la  deliberada  intención   de que no se diluyan  en el tiempo ciertos aspectos o  detalles    relativos  a la creación de las mismas, no  recogidos, hasta donde yo sé, en ningún  texto escrito. Con ello he pretendido— no  sé si conseguido —informar a la generación presente de  ciertas  peculiaridades de nuestro pasado asociativo, y también,  facilitar la tarea a  posibles futuros  investigadores que se interesen por el mismo. Pienso que las líneas generales del tema no son  difíciles  de localizar  y  conocer, pero no así los intersticios  y   anecdotario del mismo…

Segundo PASCUAL TOLEDO
Agosto de 2015.